Hace unos días, por casualidad, volví a escuchar una canción que casi tenía olvidada. «No hay nada más feo que una mujer borracha», me decía mi madre cada vez que tenía oportunidad, convencida hasta la médula de cada una de sus palabras. La simple distinción entre lo que pueden hacer los hombres y las mujeres me irritaba. Más, cuando suponía una nueva imposición social a lo que no debíamos hacer por una cuestión de género. A día de hoy sigo sin ser capaz de convencerla de lo contrario y, como a ella, a toda una generación que creció escuchando esa misma frase.
Lo más curioso de todo es que al otro lado del charco suena la misma cantinela, como comprobé esta misma semana. Un grupo punk femenino de Chile sonaba en la radio, se hacían llamar Horregias, y reproducían una y otra vez en uno de sus temas la frase que tantas discusiones generó en mi casa, según me molesté más tarde en comprobar, como forma de protesta a los estereotipos que también a ellas les quisieron imponer un día. La letra no dice mucho más, la música no es memorable, pero es una forma mucho más sana de rebelarse a la triste realidad que poniendo a prueba la resistencia del hígado.
Que las chicas de entre 12 y 18 años beban y fumen porros con más frecuencia que los chicos de su misma edad no es lo habitual y tampoco es un motivo de orgullo, ni para ellas ni para la sociedad que las ha animado a ello. Pensar que a base de alcohol se consigue el empoderamiento de la mujer es caminar en contrasentido, pelear por una igualdad que en nada ayuda cuando hay tantos frentes abiertos en cuestión de paridad.
Cuando la semana pasada salía a la luz el estudio que realizó la facultad de Psicoloxía de la USC entre los alumnos ribeirenses, quedó una pregunta en el aire sin responder. ¿Por qué se ha dado este vuelco y ahora ellas beben más que ellos? El profesor titular del Área de Metodología de las Ciencias del Comportamiento que dirigió la investigación, Rial Boubeta, se aventuraba a lanzar un par de hipótesis al aire.
Puede que uno de los motivos que haya incentivado esta especie de liberación etílica haya sido que cada vez hay menos presión paterna sobre las niñas, antes sobrecontroladas y sometidas a un código social estricto, y, al madurar de una forma más precoz que sus compañeros, se expongan antes a flanquear ciertas fronteras que los otros todavía no se planean, planteaba él. Puede que intenten demostrar algo, me planeo yo. O puede que, como el resto, solo busquen evadirse y ahogar las penas que mortifican su adolescencia. Puede que solo se intenten divertir y crean que el alcohol es la vía. Y hasta puede que alguna vez oyeran eso de que no hay nada más feo que una mujer borracha.