Parcialmente real

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

Hoy empiezo a ser runner y, ya antes de comenzar a correr, me entran unas irrefrenables ganas de postear en alguna red social los kilómetros que haré y, por qué no, de subir una foto de la ensalada que me comeré después. Como si importara. 

El viaje, la boda, la comilona, la fiesta, el músculo, el coche, el cubata, el triatlón, el amor. Todo lo  queremos mostrar al mundo, con un filtro de Instagram que dé una pátina de impostada felicidad al asunto. He dicho «todo lo queremos mostrar al mundo» y no es verdad, porque lo horrible, el sufrimiento y el dolor transcurren en la trastienda de la vida.  

Exhibimos la cara más amable de nuestra existencia mientras el silencioso rugido de las estadísticas protesta: suicidios, drogadicción, depresión, enfermedad, pobreza. En la novela de Orwell, 1984, existía un «Ministerio de la Verdad», que se dedicaba a manipular y ocultar la información para apuntalar la versión histórica oficial que marcaba el Estado.  

En la hipnosis colectiva de las redes sociales, donde los infelices acarrean sus penas veladamente para permitir la superchera felicidad del resto, puedo entrever trazas de ese «Ministerio de la Verdad», que ha calado tan hondo que nosotros mismos somos sus ministros al exponer nuestra realidad sin miserias.

Y, cuando intento pensar a quién beneficia que la exposición de nuestra vida sea una verdad a medias, me detengo, porque pensar acentúa las arrugas de mi frente y ¡no vaya a ser que parezca viejo en las fotos que después suba al Facebook!