Un botellón en el museo


Pues no. Siento comunicar que no se trata de un titular informativo, por si algún lector ya estaba pensando en si a una marina le vendría mejor ginebra o vodka, o si podría acompañar un cuadro abstracto con un asequible cartón de vino. Más bien este encabezamiento pretende ensalzar a esa juventud que no está involucrada en ninguna actividad o proyecto, los que viven cada sábado etílicos llorando la llegada del lunes. Quizás este planteamiento les parezca más curioso aún que su enunciado, después de intentar desvelar a diario en cada página el talento oculto de nuestros vecinos más relevantes.

Quiero poner el foco en ese segmento de la población que cuando escucha el apellido Kandinsky piensa que ha vuelto a faltar a clase de Literatura y no de Historia del Arte y, por supuesto, en la razón de ser de este triste hecho. Usualmente, adolecemos de culpar a este grupo de jóvenes de rendirse a la apatía y el desinterés generalizado. Sin embargo, como bien ilustra uno de mis Velázquez favoritos, La rendición de Breda, para que un ejército deponga las lanzas debe existir un bando rival que le obligue. En este caso señalo a las filas enemigas entre la falta de iniciativas u ofertas de ocio cultural que sean realmente atractivas para este colectivo.

Ayer mismo comentaba con un escritor que obligarle a leer El Quijote a un adolescente de primero de ESO significaba matar cualquier posibilidad de amor por la lectura. Algo similar ocurre cuando se destierra a una elevada planta de un edificio, un ambicioso proyecto de centro cultural, como podría haber sido el Lustres Rivas en Ribeira. He conocido personas con una destreza milimétrica sobre el bloc de dibujo que se burlaban fonéticamente de nombres como Tintoretto y Caravaggio, sin saber lo que le habría aportado técnicamente acercarse a su obra. Pero se ha ido asociando la cultura con ese chico o chica de dudosa belleza que baila solo minutos antes del cierre del after.

¿Por qué? Pregúntense más bien, ¿de qué posibilidades dispone un chico durante el fin de semana para divertirse o para bajar durante la noche? Si son capaces de apartar de su mente la imagen de la puerta de un bar o un banco del parque repleto de bolsas del supermercado con los hielos a medio derretirse, consideren enviar su currículo al Ministerio de Cultura. Siendo estas tres comarcas tierra prolífica de artistas, músicos y literatos cuesta creer que la mayor parte de los actos en estos ámbitos se asemejen más a eventos destinados a aumentar el ego de las personalidades políticas en los cruces de agradecimientos de las declaraciones mediáticas. Y si siempre hay sitio para cóctel y canapé, ¿por qué es tan descabellado que brindemos con un botellón en el museo?

Por Antón Parada crÓNICA

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