Está pasando

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

BARBANZA

Cuando los soldados obligaron a Khaled a mirar como violaban a su madre, decidió que era el momento de marcharse de Siria. Hacía ya un año que su padre se había marchado para encontrar un lugar en Europa donde afincarse y salvar a su familia, pero llevaban tres meses sin recibir noticias suyas. Khaled tenía una hermana, la mataron. Hombres de uniforme, no sabía si del gobierno o de los rebeldes. Igual que no supo de qué bando eran los que violaron a su madre.

Aunque su mamá sabía que la iban a matar, sus ojos le rogaban: «Llévate a tu hermanito». Su instinto maternal era más grande que el de supervivencia. Así que Khaled se llevó a su hermanito. Caminaron y caminaron y no pudieron quedarse en Turquía y tampoco pudieron quedarse en Bulgaria. Siguieron caminando, pero ya era invierno y en Serbia hacía mucho frío. 

Así que una noche a Khaled se le congelaron los dedos del pie y otra noche se le congeló su hermanito. Un frío que no es de este mundo le heló el corazón para siempre, pero siguió andando. Andando para no pensar en su madre, en sus hermanos, en su casita con agujeros de bala? su rictus se deformó de dolor y kilómetros. Y, aunque nunca leyera a Sartre, siempre pensaba: «Es absurdo que hayamos nacido, es absurdo que muramos».

Mientras tanto en un bar de Ribeira, Manolo y Pepe, ambos con sobrepeso, comentan vociferando mientras ven el partido del Barça: «Esto de los refugiados es la hostia, vienen aquí, a jodernos el país, llevándose unas subvenciones de puta madre y fijo que la mitad son terroristas». Está pasando.