La clave está en el concepto

BARBANZA

El concepto, esa es la clave y ahí está el primer fallo. Se acostumbra a definir a Galicia como una región dependiente de la pesca y así es como se espera que sea considerada por la Unión Europea. Error. Galicia es una región pesquera, igual que Holanda es un país productor de tulipanes, Alemania un país automovilístico y Milán, una ciudad industrial. Porque a nadie se le escuchará definir a Gibraltar como a una colonia británica dependiente del contrabando y la evasión de capitales o a Bruselas como una ciudad dependiente de los políticos europeos que pagamos entre todos.

Por lo tanto, Galicia, como zona pesquera, y España, como uno de los principales consumidores de pescado del mundo, debe pescar y esa tiene que ser una cuestión de Estado. De la misma forma que es una cuestión de Estado para Alemania que se compren sus coches, hasta el punto de que una conocida marca automovilística tenía un anuncio con el siguiente eslogan: «Europeos conducen europeos». Por ese motivo, hasta hace cuatro días como quien dice, la entrada de vehículos japoneses en Europa estuvo restringida. Lo mismo puede decirse de la defensa que hacen los franceses de lo suyo, cuando la ocasión lo requiere, los galos avanzan más firmes que una legión romana.

Pero claro, empezamos definiendo a Galicia como una región dependiente de la pesca y los países de la Banana azul sacan de chequera para subvencionar el desguace de barcos y la conversión de la industria pesquera en un parque temático. Porque eso es lo que está pasando. A unos se les subvenciona para que fabriquen coches no contaminantes, con el resultado de todos conocido, y a otros para que conviertan los barcos en divertimento para enseñar a los turistas como se cogen las sardinas.

Si de lo que se trata es de hacer didáctica entre los ciudadanos comunitarios, seguro que a muchos les interesará realizar una ruta guiada por la City londinense o por el movimiento de capitales en la frontera de Luxemburgo. Porque en esta Europa comunitaria y de espacio Schengen cada uno defiende lo suyo. Los galos venden Emmental, aunque la susodicha es una región de la Suiza alpina. Eso sí, especifican que se trata de Emmental francés, para que el cliente no se sienta engañado, a diferencia de lo que sucede con el mejillón, que no se sabe si es gallego o chileno. A ver si hay algún valiente que se atreve a comercializar una botella con una etiqueta que diga «coñac español». Pues hay que aprender de los padres fundadores de la Europa comunitaria y defender lo que es de uno, hasta el último gramo de cupo pesquero y hasta la última denominación.