No perdamos el tren


No creo que nadie ponga en duda que la energía eólica es la forma más limpia y menos contaminante de producir electricidad. De igual modo, el viento es inagotable, autóctono y gratuito, lo que como país, nos evita tener que importar petróleo, gas, carbón o uranio para producir electricidad, beneficiando nuestra dependencia energética y nuestra balanza de pagos. Asimismo, recientemente la Unión Europea ha publicado un informe que demuestra que la energía eólica es la forma más competitiva de producir electricidad.

Pero es que además de los beneficios medioambientales y económicos como país, cuanta más electricidad se genere con energía eólica, más barato será el recibo de la luz que pagamos los ciudadanos.

Galicia tiene un recurso eólico inmejorable y dispone de las condiciones necesarias para ser -como ya lo fue en su día- un referente mundial en la promoción y producción de energía eólica y de su industria asociada. Sin embargo, desde hace unos diez años, por diferentes decisiones políticas, el sector eólico gallego ha venido sufriendo un parón. Además, la última reforma eléctrica del Gobierno español ha perjudicado gravemente el desarrollo de las energías renovables, como ninguna otra norma lo había hecho hasta el momento.

Pues bien, a pesar de ello, hace una semana se publicó en el Boletín Oficial del Estado la planificación eléctrica española 2015-2020 y se ha constatado que todas las críticas imputadas al sector de las renovables no estaban en modo alguno justificadas. Para cumplir los objetivos medioambientales europeos, España tiene que instalar 6.500 nuevos megavatios renovables antes del año 2020 y la única forma de garantizar su instalación, es con parques eólicos.

Para ello, desde el Gobierno nacional se necesita una senda planificada y sostenida de desarrollo a largo plazo, una seguridad jurídica y el abandono de cualquier tipo de decisión cortoplacista o electoralistas. Galicia -y su clase política- puede optar por subirse o no a ese tren. Cualquier decisión es legítima. Ahora bien, de apostar verdaderamente por la energía eólica tiene que dotar al sector de competitividad y eliminar todas las barreras políticas, fiscales y administrativas que en este momento, si se compara con otras regiones de España, pese a tener un mejor viento, lastran su desarrollo.

Por Íñigo Muniozguren Secretario general de EGA

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