Perros que no se merecen a sus amos

BARBANZA

La avalancha de canes abandonados satura a los equipos de emergencias, ya que las protectoras carecen de espacios para proporcionarles cobijo

21 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

A medida que avanza el verano y los días se hacen más cortos, los servicios de emergencias no dejan de recibir avisos por la presencia de perros sueltos en cualquier lugar. El problema es que estos profesionales, o voluntarios de las agrupaciones de Protección Civil, tienen poco margen de maniobra desde que las protectoras de animales que hay en Barbanza se quedaron sin recintos para darles cobijo hasta encontrar a una persona que acepte el compromiso de cuidar de estas mascotas. Basta como ejemplo lo ocurrido el lunes en Noia. Un vecino se encontró un perro con la pierna rota que, por suerte, tenía chip, por lo que tan solo fue cuestión de tiempo localizar a su propietario. Los problemas surgen cuando los animales no tienen identificación, que es lo habitual.

Pablo García, de la protectora Arca, pone al descubierto la triste realidad con la que conviven. Asegura que tuvieron que dejar el recinto que tenían por la falta de agua corriente. Desde entonces el teléfono no ha dejado de sonar a diario una media de cuatro veces al día para alertar del hallazgo de un can o un gato abandonados. Pablo, que no vive de cuidar animales, explica que el protocolo cuando aparecen animales es avisar al 112 o al concello de turno. 

Carencia de protocolos

«Lo normal es que los ayuntamientos tengan un protocolo de actuación para estas situaciones, que se producen todo el año y en verano se disparan. La realidad es triste. La gente se encuentra sin nadie que atienda su petición de ayuda y acaba recurriendo a nosotros, pero en Arca estamos atados de pies y manos al no tener un lugar para darles cobijo. Lo único que hacemos es desplazarnos para proporcionarles cobertura sanitaria e intentar buscar un hogar, que es muy, muy complicado», relata con tristeza Pablo García.

El futuro de estos animales, que llegaron a tener un dueño que no los merecía, es la muerte. Ya sea atropellados en alguna carretera, que es lo más frecuente, o por enfermedad, y mientras el final no llega en sus últimos días malviven sucios y con parásitos.

Pablo García finaliza afirmando que lo peor de todo es que muchos de estos problemas se solucionarían si los canes tuviesen chip para identificar a los propietarios. Una obligación que brilla por su ausencia desde que entró en vigor.