El buzón

Maxi Olariaga LA MARAÑA

BARBANZA

28 may 2015 . Actualizado a las 05:10 h.

Como un rayo se precipitó la jornada electoral y su trueno se derrumbó sobre la primavera. Por un momento el terremoto se dejó sentir desde Muros hasta Aguiño y bajo tierra se sobresaltaron los topos y las lombrices. Las raíces del trigo nuevo se abrazaron en la oscuridad y las huellas que dejan los pasos, se perdieron en el fondo de las urnas. El bullicio del mediodía ronroneaba como un gato ocioso sobre el vino, los callos y las palmeras. El Barça y el Dépor se batían en una coctelera invisible con el PSOE, el NOIA, el PP, el BNG y la Marea y los camareros diligentes cortaban rodajitas de limón para que el ácido equilibrara aquel jarabe municipal. Los seres humanos comían callos y las urnas papel. El solitario buzón de correos que está a la entrada del Cantón se pudría celoso de aquellas cajitas de cristal ante las que la gente se agolpaba con un sobre en una mano y el carné de identidad en la otra, aguardando paciente su turno.

A todo el pueblo le dio por escribir cartas, se decía. Tal vez se las escriban unos a otros y hayan descubierto que se aman. Yo, meditaba el buzón de correos entreabriendo sus labios amarillos, les he visto mil veces pasar de largo sin mirarse, ensimismados camino de quién sabe qué cobijo. Esta semana ni un beso, ni un solo verso, ni siquiera un anónimo alimentó este pobre cuerpo mío varado como un mástil sin navío en un mar de piedra. Sin embargo esas urnas recién llegadas, perfumadas y transparentes como la piel de Dios, a pesar de mirar con desdén a los ciudadanos, los tienen rendidos a sus pies. ¿A quién escribirán y qué repuesta aguardarán a sus cartas sin remite? Debe ser día festivo porque el cartero no vino a auscultarme ni a revolverme las tripas. Pero si es festivo: ¿Cómo es que están abiertos todos esos petimetres, buzones de tres al cuarto, a los que igual les da recibir una notificación de embargo que un anuncio de boda? No entiendo nada. Claro que tal vez los seres humanos se hayan vuelto locos. Ya me advirtió mi padre que estas cosas sucedían de vez en cuando. Después, sin más ni más, todos dejaban de escribir, se llevaban esos aprendices de buzón y, ¡ahí te quedas! ¡Si te he visto no me acuerdo!.