Mandar en balsa de aceite

Ramón Ares Noal
Moncho Ares BARLOVENTO

BARBANZA

Si no fuera por el tsunami surgido del maremoto político con epicentro en Madrid y de nombre Gobierno de España, el mandato que finaliza habría sido en Ribeira de lo más tranquilo. Según vaticina la encuesta de Sondaxe, Manuel Ruiz perderá un concejal tras el 24 de mayo, pero se antoja que se debe más a deméritos externos que a los suyos propios, que, no se engañe el regidor, los ha tenido, fruto de los cuales está ahí la irrupción de Ciudadanos, que aunque beba en parte del cansancio de votantes de IPR, sus pilares ideológicos son los mismos que los del PP y bajo el manto de la alternativa naranja se cobija asimismo el peaje del descontento de ribeirenses de centro-derecha.

Ruiz ha tenido estos tres años lo que muchos alcaldes anhelaban: una gran inversión en obra pública que ha hecho realidad proyectos que, bien explotados, marcarán un antes y un después en la capital de Barbanza, no obstante, algunos de ellos pueden convertirse en caramelos envenenados si, finalmente, no se gestionan adecuadamente.

El grueso de esas actuaciones ha sido el mejor «millo no hórreo» que le dejó su antecesor, que también le entregó el testigo de una economía saneada que, sin embargo, no le sirvió de mucho por obra y gracia de uno de los (im)populares más odiado, incluso por sus propios correligionarios: el señor Montoro.

Si a estos factores se le suma que los partidos de la oposición han pasado por estos cuatro años de puntillas, más pendientes de sus cuitas internas que de fiscalizar la labor del ejecutivo local, se puede concluir que Manuel Ruiz ha dirigido el mandato sobre una balsa de aceite, pero que no se fíe pues, como decía un veterano político, «las encuestas las carga el diablo, porque si te dan bien, desmovilizas a los tuyos, y si te dan mal, corres el riesgo de la espantada».

De confirmarse los resultados, será de justicia reconocer el mérito de IPR, opción que ni los cantos de sirena de las mareas y de las nuevas formaciones han conseguido su disolución, lo que confirmaría una vez más el grave error que en su día cometió una dirección del PSOE que, doce años después, aún no ha sido capaz de reunificar a los progresistas ribeirenses.