El mismo año que España celebraba sus primeras elecciones legislativas, la politóloga alemana Elisabeth Noelle-Neumann sacaba a la luz el libro Opinión pública: nuestra piel social, en el que incluye la teoría de la Espiral del silencio. Según esta, las personas esconden sus preferencias ante la opinión pública cuando son contrarias a la corriente dominante, mayoritaria, por miedo a ser señaladas o aisladas. Cuando Neumann teorizó sobre un comportamiento que es perfectamente aplicable al elevado voto oculto de las encuestas, Alemania cumplía 29 años de democracia, y en nuestro país aún se daba el primer paso hacia esa misma organización social.
La teoría de la Espiral del silencio de Elisabeth Noelle-Neumann probablemente reflejaba una forma de actuar de la sociedad germana, que a esas alturas, en 1977, ya había recorrido un importante camino democrático. Surge entonces la cuestión de si la conclusión de la politóloga vale para la España actual, que ya peina 37 años de convivencia en el mismo sistema social, y la respuesta solo puede ser a la gallega: depende.
Aplicando dicha teoría, el voto oculto que refleja la encuesta de Sondaxe en Ribeira, tanto si se refiere a las elecciones municipales (34, 2%) como a las generales (30, 2%), correspondería a electores que no se pronuncian porque se decantan por una opción minoritaria (Podemos es minoritario en representación, pero no potencialmente); es decir, el PP tendría que ir preparándose para un castigo de órdago... o el partido de Pablo Iglesias debería ir asumiendo que lo que percibe no son más que cantos de sirena.
La teoría de la Espiral del silencio necesita una versión española, porque en la ocultación del voto del ciudadano patrio hay otros componentes: miedo a represalias, precaución por conservar el estatus e incluso vergüenza por ser fiel a quién no lo merece.
La experiencia dice que en unas municipales pesan poco las siglas y mucho los candidatos, pero en las del 2015, a tenor de la encuesta, la balanza tiende al equilibrio.