Por siempre... jamás

Betty Sanluis *

BARBANZA

19 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.

Un dolor muy grande, una pena muy honda, invade nuestros corazones. Cuatro muertos en un accidente de tráfico. ¿Cuántas veces, cada fin de semana, hemos oído estas frías y horripilantes estadísticas? Pero esta vez... esta vez todo es distinto. Nos toca de cerca. Toca a todo un pueblo. Noia entera está de luto. Toca a gente que como nosotros, desde hace 37 años, cuando Rosy comenzaba a caminar, cuando Mary era ya una hermosa niña de cuatro añitos, nos regalaban hermosas e ingenuas sonrisas. Niñas sufridas y muy cariñosas, que se hicieron mujeres perseverantes, trabajadoras y que anexaron a sus vidas a gente de bien, de gran corazón, como Alejandro -siempre te llamé Alejandro, aunque para tus colegas eras Caty-.

Hemos participado a menudo de vuestras vidas, como vosotros de la nuestra. Hemos compartido grandes momentos, alegres y tristes, pero prefiero recordar los buenos; estos días hemos llorado demasiado y, ante esta tragedia, borro de un plumazo todo lo negativo y me concentro en dos de los mejores días de vuestra vida: vuestras bodas. Dos instantes inolvidables. Recuerdo a Mary llevando los huevos a las monjitas, porque ese día amenazaba lluvia, mucha lluvia y, no sabemos si por ello o qué, se quedó una tarde radiante, que permitió que sus amigos pudieran llenar el cielo del Tapal con estruendosos fuegos de artificio. Fue un día grande. Cumplían su sueño después de un largo noviazgo, casi desde niños.

Rosy, entretanto, vislumbraba la suya. Poco después y junto a Manu materializarían su fantasía. Verse unidos, ante el altar, a pesar de los pesares, contra viento y marea, con su amor por delante. Y así fue. Otro gran día. Otra jornada inolvidable en la que también, como hoy, os dediqué unas palabras. Todos allí reunidos pedimos por vuestro futuro en común, sin saber que el final sería tan lamentable, tan doloroso, tan a corto plazo, que os truncaría la vida, a vosotros y a quienes os rodearon. Aquel día, los presentes nos conjuramos deseando que vuestro cuento de hadas terminaría como todos con un «por siempre jamás». Ayer junto a vosotros, se enterraron muchos sueños, también los nuestros. Ahora os repito, en otro contexto, triste y desgarrador: Rosy, Mary, Alejandro, todos aquellos que hemos tenido la dicha de conoceros, os juramos recordaros... Por siempre... jamás.

*Betty Sanluis era amiga de los tres fallecidos noieses en el accidente ocurrido en Rois.