El eucalipto invade el monte Pindo

El abandono del macizo carnotano es evidente un año después del gran incendio


CARNOTA / CORRESPONSAL

Hace hoy un año que el fuego arrasó el monte Pindo. Más de 2.000 hectáreas de masa forestal fueron pasto de las llamas sin que los esfuerzos y la abundancia de medios de extinción desplegados pudieran paliar la acción de uno, o varios, incendiarios. Ahora, doce meses después de la catástrofe, se confirma que este macizo es un paraíso. La naturaleza ya brota con una fuerza intensa, y no solo en las zonas bajas o cercanas a los cauces fluviales. También resurge en otros muchos lugares de este enclave, aunque no siempre con la intensidad y la forma deseada. Basta con realizar un detallado recorrido por la zona devastada, siguiendo el mismo itinerario que hicieron las llamas hace doce meses, para darse cuenta de que el eucalipto es el nuevo rey del Olimpo Celta, con miles de plantas brotando en su suelo granítico.

La masiva presencia de esta especie es visible en las zonas bajas del monte, pero también en los cauces fluviales del Valdebois, en el regato que baja desde Chan de Lamas, en la fértil zona de San Cibrán, en donde la planta trata, con éxito, de apoderarse de toda la superficie vegetal, a la vez que impide el crecimiento de otras. Lo que más llama la atención, a medida que se avanza en un recorrido por el emblemático entorno, es que los puntos donde intervino el hombre para retirar los restos calcinados por el fuego es precisamente donde los brotes de eucaliptos están ejerciendo un efecto mucho más nocivo y dominante.

Hay que aclarar que la mayor parte de la superficie quemada en este paraje carnotano es de titularidad pública y carecía de una repoblación forestal ordenada; ya sea porque nunca se realizó en condiciones o por el efecto de otros incendios anteriores.

En las parcelas privadas la situación es diferente. Algunos propietarios ya retiraron el arbolado -sobre todo en los lugares de Cornido y San Cibrán-, ya sea para calentar sus viviendas o para venderlo a precios irrisorios. Hay que decir que en otras fincas no se efectuó todavía labor alguna, y las especies naturales, especialmente las herbáceas y los arbustos, asoman con fuerza entre los restos quemados.

La realidad a pie de pista

Los encuentros y conversaciones que surgen durante este trayecto con vecinos y propietarios de parcelas sirven para confirmar lo que salta a la vista pateando el macizo. El monte Pindo no recibió la atención mínima requerida durante el último año. Solo se puede hablar de la colocación de barreras de paja para evitar las riadas con la llegada de las primeras lluvias, algo que, hay que decir, se logró frenar, aunque no en su totalidad. Los oriundos explican que la presencia de personal de la Xunta fue inexistente, y que, por eso, la vegetación creció a su antojo, sin control y de forma desordenada. Por eso, no son pocos los lugareños que reclaman plantaciones de especies autóctonas.

Mientras, en la Xunta, aclaran que, tras el reparto de paja en 29 hectáreas, están haciendo un seguimiento de la regeneración natural, y añaden: «A actuación da Administración debe ser en grande medida acompañar e favorecer a actuación de rexeneración que por si mesma leve a cabo a propia natureza, sen menoscabo de que nalgunhas áreas poidan realizarse actuacións máis intensivas proximamente». Mientras, el eucalipto seguirá conquistando el Olimpo Celta.

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