Crónicas bravú a doble escenario

BARBANZA

As Revenidas convocan en el puerto de Vilaxoán a los pioneros del rock galego

23 ago 2014 . Actualizado a las 11:27 h.

Parece ser que en Monte Alto, allá en los 80, algunos irreductibles coruñeses de procedencia fisterrá, tal vez de Lugo, Ourense o cualquier otro punto del país en busca de un futuro en la ciudad, criaban todavía cerdos en improvisados cortellos urbanos. Lo asevera Xurxo Souto desde la plaza de abastos de Vilaxoán («Vileixoán», al gusto de los más viejos del lugar), recordando que el guitarra de Diplomáticos era heavy, y los heavies, en su barrio, no tenían más remedio que esperar a que el noble cocho pasase a mejor vida a manos de sus mayores para poder ensayar en casa de alguno de ellos cuando el San Martiño imponía su dominio.

De la combinación de esta inspirada versión del metal con las calorradas, la pachanga verbenera y las mexicanadas que llegaban desde la otra orilla del Gran Mar, peneirado todo ello por el poderío del agro petrucial («vienes de la aldea, y lo sabes»), surgió el sonido de la banda que lideró un movimiento, el bravú, en el que grupos de toda Galicia fueron confluyendo a su aire.

Desde ayer, Vilaxoán, uno de los tres antiguos municipios que constituyen la actual Vilagarcía, celebra por todo lo alto el vigésimo aniversario del bravú. Lo hace con música, claro, pero también con comida, amparándose en una vieja tradición sardiñeira y en el recuerdo de aquellas meriendas de los 90 al calor catódico del Xabarín. Antes de que Diplomáticos, Heredeiros, Rastreros y tantos otros pioneros se repartiesen entre los escenarios Xouba y Sardiña, Souto y Pinto D'Herbón protagonizaron una conferencia pangalaica en la plaza. Y, ya puestos, debatieron con Tucha, redeira con galones, sobre si en Vilaxoán a las gaviotas se les llamaba «lobas» o no.