A 70 por hora, con los intermitentes y sorteando chapas

María H. Feijoo ribeira / la voz

BARBANZA

Conducir a diario por la autovía barbanzana es, casi siempre, un placer. Pocas carreteras de altas prestaciones ofrecen la posibilidad de divisar una de las rías más bellas del mundo o sorprenderse cada jornada con la majestuosidad de A Curota. Y si a ello se le añade una buena música de fondo, ¿qué más se puede pedir? Pero para todo hay excepciones. Y ayer se dio una. En el trazado, en ese vial en el que habitualmente pocos coches bajan de 120 kilómetros por hora menos cuando se acercan a Xarás, donde el radar móvil se aposta día sí y día también, a las diez de la mañana, uno podía circular a 70 por hora sin que le adelantase absolutamente nadie. El viento y la lluvia que caían, sumado a algún otro factor, provocaban bandazos en los vehículos. Y hacían que muchos conductores, sobre todo de los camiones, circulasen con las intermitencias puestas y contoneándose peligrosamente.

Los dos puntos críticos eran el puente que cruza la ría entre Boiro y Rianxo y la zona en la que está marcado un desvío. En el viaducto, el problema era el viento, que obligaba a ir muy lento y a dar volantazos violentos. Sobre las diez de la mañana, no había quien se atreviese a pisar el acelerador en la zona.

Trabajando a pesar de todo

Luego, el otro punto caliente de problemas estaba en la zona donde está habilitado el desvío. Como está cerrada una calzada -la que deberían coger los coches que van en dirección Ribeira-Padrón- la concesionaria de la carretera tiene repartidos por el vial conos y chapas con carteles para alertar a los conductores de que deben cambiar al carril de la izquierda. El caso es que, ayer, en pleno vendaval, los letreros volaban por los aires y los conos amenazaban también con hacerlo. Pese a que estaba cayendo una tromba descomunal, había obreros de la autovía intentando poner todo en su lugar. También estaban trabajando en un talud. Viendo como estaba el patio, aunque la tendencia era a enfadarse con el cielo, uno no podía reprimir una satisfacción al pensar: menos mal que Petra, Qumaira, Ulla y las demás hermanas ciclogénesis llegan con la autovía y no con aquella siniestra vía rápida.