Boiro y Rianxo fueron los epicentros de la fiesta con una alta participación
18 feb 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Por todo lo alto se despidió ayer en la comarca el carnaval. Lo hizo con citas tradicionales como el entierro del Óso en Abanqueiro, la quema del Felipiño en Escarabote o de la sardina en Boiro. La lluvia no fue un impedimento para quienes habían previsto un domingo de diversión y disfraces. En Rianxo, donde el mal tiempo obligó a aplazar los actos previstos para el martes y el miércoles, se organizó una concurrida fiesta en el pabellón Ana María Diéguez.
Durante la mañana y parte de la tarde, el club de piragüismo de Boiro efectuó una degustación gastronómica con orejas de cerdo y dulces en la que participaron numerosos vecinos. Padres y entrenadores se encargaron de preparar y servir las viandas. Además de oreja de cerdo hubo chorizos y callos.
El último matrimonio
Fiel a su cita, una selecta comitiva, cura incluido, se encargó de visitar en Abanqueiro la casa de Alberto y Paula, la última pareja que el año pasado contrajo matrimonio en la parroquia boirense.
Debidamente disfrazados, Alberto y Paula recibieron al grupo, que les hizo entrega de una cacheira. A cambio, ellos les invitaron a empanada, dulces típicos, vino y licores, todo ello en un ambiente disparatado. Posteriormente tuvo lugar el clásico entierro, que en esta ocasión fue el hueso de una pata de cerdo.
También en Escarabote hubo desfile. En un principio se pensó en suspenderlo por la lluvia y los asistentes se citaron en el centro social. Sin embargo, la opinión de que había que salir y recorrer las calles con el Felipiño fue unánime y acabó triunfando. No faltó detalle y, al final, hasta acabó quemándose el Felipiño, como manda la tradición, y con pregón incluido.
A las nueve de la noche, la cita para despedir el carnaval tuvo su sede en el centro social de Boiro, donde se juntó un grupo a ritmo de música para proceder a la imprescindible quema de la sardina.
La animación tampoco faltó en Rianxo, donde se celebró una fiesta infantil con payasos y productos típicos de estas fechas que eran preparados en el momento por miembros de las APA. Por un módico precio podía endulzarse el paladar.
El pabellón se transformó en un foco de intensa actividad, dado que también hubo talleres para los críos e hinchables.