Juan José López no puede trabajar. Una operación para extirparle un tumor cerebral le dejó secuelas, como problemas de visión, temblores o cansancio, que le impiden trabajar. Debe medicarse a diario y vive de una pensión, por lo que, en su día, decidió vender con su madre una casa con su terreno en O Conchido para contar con un colchón que le permitiera hacer frente a sus gastos médicos. Poco podía imaginar que acabaría encerrado en el Concello de Boiro para reclamar que le devuelvan un dinero que le aseguraron que podría retirar «en 48 horas, 72 como moito».
«Metín os cartos da venda en Novagalicia Banco e quedei sen casa, sen terreo e sen cartos», protesta este vecino de A Pobra que lleva prácticamente un año esperando a que se resuelva su caso. Tiene participaciones preferentes y subordinadas desde el 2004, un hecho del que fue consciente poco menos que por casualidad: «Decatámonos de que non nos estaban chegando uns intereses das contas e fomos a preguntar. O director díxome que o ía mirar, ¿cres normal que traten así a un cliente de trinta anos?».
No es el único de su familia que se ha visto afectado por la comercialización de las participaciones preferentes, también sus hermanos, sin embargo ellos cobraron a los pocos meses de reclamar a través del arbitraje mientras que Juan José López sigue esperando y luchando, aunque la paciencia se le agote por momentos: «Eu estou enfermo, teño que medicarme a diario, e hai xente que está ben e que podería estar aquí e non está».