Las fuerzas del orden intentaron cercar al pirómano de A Carballa

María Hermida
María Hermida RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Hay sospechas de que una persona provoca los continuos incendios

03 abr 2012 . Actualizado a las 07:02 h.

Hay un dato que habla por sí solo. En los últimos tiempos, el Grumir de Ribeira tuvo que acudir 19 veces a la zona de A Carballa (Ribeira) por culpa de los continuos incendios. Eso, y el hecho de que cada vez que hay llamas se descubre que prenden en distintos puntos a la vez, evidencia que se trata de fuegos intencionados. Es más, se cree que es una misma persona la que está empeñada en que esta zona quede calcinada. Dada esta sospecha, el domingo, cuando se registró el último fuego, se intentó cercar al supuesto pirómano. Policía Nacional y Guardia Civil realizaron un despliegue bastante importante para intentar descubrir al sospechoso de quemar este entorno. Desafortunadamente, no lo toparon.

Agentes del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil se apostaron en la zona que va desde Palmeira hasta Moldes, realizando controles a todos los conductores y vigilando el monte, para intentar dar con el autor de semejante desaguisado medioambiental. No en vano, cabe recordar que hubo al menos cuatro incendios importantes en la zona de A Carballa.

En los dos primeros quedaron calcinadas diez hectáreas. En el segundo, en el que hicieron falta medios aéreos y el fuego tardó 24 horas en ser extinguido, alrededor de veinte. Y este domingo fueron 80.000 metros cuadrados los arrasados. Amén de todo lo que fueron calcinando los pequeños focos que hubo en sucesivas ocasiones.

Patrullas a diario

Aunque el despliegue del domingo no sirvió para dar con el autor de estos hechos, tanto Policía Nacional como Guardia Civil continúan investigando y peinando la zona para intentar que no vuelva a prender fuego.

De hecho, ayer a media tarde, se sumaron también a las labores de patrulla los miembros de guardia del Grumir de Ribeira, que se encargan de recorrer el monte para intentar disuadir al supuesto pirómano.

Por tanto, todos los medios están en acción para intentar acabar con una situación que enerva tanto a vecinos como a las propias fuerzas del orden. Y es que, además de quedar calcinado el monte, cada vez que arde en esa zona están en jaque también instalaciones como la de una planta de butano, con el riesgo que supone esto en el caso de que las llamas la alcanzasen. Igualmente, se ve afectada la visibilidad, por culpa del humo, en la zona de la autovía más próxima a Ribeira.