15-M, ¡viven!

Maxi Olariaga

BARBANZA

Tantas veces hemos visto en las primeras de la prensa, en los titulares de los telediarios y en las fotos salpicadas aquí y allá, la exposición de los momentos ante, en y tras botellón, que habíamos llegado a creer que la juventud estaba muerta o, como cantaba Peret, «estaba de parranda». Nos lo inocularon con un derroche informativo digno de mejor causa hasta que, pobres incautos, nos intoxicaron como a los desamparados muxos que viven entre la fetidez submarina de los puentes de Noia.

De la noche a la mañana, inesperadamente, del asfalto de la Puerta del Sol madrileña comenzaron a brotar millares de rosas, innumerables amapolas, millones de hojas verdes bruñidas como los escudos de los héroes griegos dispuestas a defender la esperanza, la alegría y la libertad.

¡Viven! ¡Viven! Y recordé la tragedia de los Andes cuando el vuelo 571 se estrelló en las alturas nevadas un 13 de octubre de 1974. A todos los que lo vivimos nos marcó a fuego y nos dejó para siempre impreso el estigma de que la supervivencia no es imposible y si no sobrevives en esta vida te inventarás otra después de la muerte.

En el asunto de la Puerta del Sol se dio un primer triunfo. Los políticos de todas las ideologías quedaron absolutamente descolocados, desnudos en la orilla de aquel mar de pancartas. Atropelladamente, buscaron una toalla de felpa fina para cubrir sus vergüenzas y corrieron descalzos por las avenidas a los refugios oscuros de sus salas de juntas. Lo mismo pasó con los medios de comunicación. Reuniones urgentes, diseños y estrategias; cómo lo decimos, cómo lo contamos, qué hacemos.

El Ministro del Interior y los mandos policiales lo tenían más crudo. Si aporreaban a la muchachada, les acusaría la hipócrita oposición de entrar a saco en una manifestación pacífica y si acaso dejaban a los mozos quedarse a cumplir su sueño en la plaza, la misma hipócrita oposición los tildaría de blandos con la sempiterna cantinela del adónde vamos con este Gobierno, esto es el acabose, aquí cada uno puede hacer lo que quiera y el ya se sabe que a estos chicos los puso ahí Rubalcaba para intentar dar un vuelco al mal pronóstico electoral que auguraban sus encuestas.

Sin salir de mi pueblo ni usted del suyo, todo esto pudo oírlo y leerlo mientras tomaba su taza y su aceituna de mediodía o su café de tarde. A mi me llamaron de media España los viejos camaradas que vivieron el espíritu del 68. Pero no lo hicieron para vanagloriarse por haber sido autores de lo que quedó escrito sobre aquellos tiempos, no. Me llamaron por el alegrón que se llevaron al ver que nuestros hijos tomaban las calles para dar vida al grito: ¡Basta, basta, basta!

Se puede comprobar como el hartazgo mayor de la gente es la actitud de la banca, de las grandes empresas y de los fríos especuladores que nos están robando a mansalva con mano de hierro en guante de seda. Después el clamor se dirige a los corruptos que aprovechan sus cargos para hacerse multimillonarios y por fin a los políticos que consienten estas cosas en sus partidos sin despeinarse. Pero también contra nosotros, los vecinos de la calle que consentimos al votar masivamente a gente absolutamente despreciable y vil, enganchados en mil y un turbios chanchullos.

Se equivocará el mocerío, si. Pero debemos agradecerles que hayan abierto una ventana al aire limpio y que hayan dado fe de que están vivos para dar la cara por nosotros ante este atajo de sinvergüenzas que domina el mundo.