«Vivo en una aldea de Outes, sin tele ni Internet»

María Xosé Blanco Giráldez
m. x. blanco RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Es conocida por su faceta de fotógrafa, afición que cultiva desde que era una adolescente, pero lo que realmente llama la atención en la vida de Carmen Cienfuegos es su lado más personal. Esta outiense de adopción -nació en Zamora, residió en el País Vasco y lleva casi dos décadas en Barbanza- cambió la vorágine en la que estaba inmersa durante su etapa de modelo por la tranquilidad de una pequeña aldea, en la que se dedica fundamentalmente al cuidado de su huerta. Estos días, una colección de instantáneas firmadas por ella se exhiben en la casa de cultura de Noia.

-¿Cómo aterrizó en Outes?

-Fue por motivos personales. Me casé con un gallego de A Coruña y decidimos vivir en el campo. Con el tiempo resultó que fue a mí a quien realmente me enganchó esto.

-¿A qué se dedicaba cuando tuvo lugar ese cambio de residencia?

-En el pasado hice un poco de todo. He sido diseñadora de programas informáticos, profesora de autoescuela y hasta modelo. Con 15 años, estando de voluntaria en la Cruz Roja de Tolosa, me uní a un grupo de aficionados a la fotografía. Constituimos un colectivo y varios profesionales nos impartían clases. Ahí nació mi pasión por la cámara.

-Una afición que continuó tras su traslado a Outes...

-Sí, con más de 40 años incluso me animé a sacarme el título de técnica de laboratorio en el ciclo de fotografía del instituto noiés. De aquella época de estudiante me quedó grabada la pena que me dieron los chavales de 17 años con los que coincidí. Teníamos unos profesores estupendos, con muchas ganas de enseñar, y veían que los jóvenes estaban allí como por obligación, no aprovechaban la oportunidad ni los medios que tenían a su alcance.

-¿Cómo es su vida en Barbanza?

-Vivo en una aldea de Outes, sin tele ni Internet en casa. Para conectarme a la Red acudo a la biblioteca municipal.

-¿No es complicado un cambio como este?

-Yo estaba trabajando como modelo cuando me vine aquí, así que imagínese, pero uno se acostumbra más rápido a vivir en la naturaleza que a vivir en la vorágine y al límite del tiempo. Incluso invito a los amigos estresados a venir, a compartir charlas al calor del fuego de la lareira.

-Pero, ¿qué hace en su tiempo libre?

-Con mi huerta, no tengo tiempo libre.

-Y su hija, ¿no echa en falta la tele o Internet?

-Con los estudios y la lectura tiene el día ocupado. No echa de menos la televisión, pero sí de vez en cuando añora Internet, por eso vamos con frecuencia a la biblioteca municipal. Ella aprecia la vida y sabe del valor que tienen las cosas.

-¿Qué le gusta captar con su cámara?

-Me encantan los retratos de la gente trabajando, en la zona de O Freixo recogiendo marisco o cultivando una cebolla en el campo. Me gusta captar la vida como es.

-¿Qué instantáneas eligió para la exposición de Noia?

-Son 24 fotos, casi todas relacionadas con la ría noiesa. La idea es hacer pensar a la gente, pues muchas veces miramos las cosas, pero realmente no las vemos.

-¿Cuál es su sueño fotográficamente hablando?

-Me encanta fotografiarlo todo. Quizás, las instantáneas que más me hubiera gustado hacer son las que tengo en la cabeza porque pertenecen a momentos en los que no tenía la cámara a mano. Creo que esto es como el ADN, que en pequeñas partes está absolutamente todo.

-¿A dónde le gustaría llegar en esta profesión?

-Me gustaría que se valorara mi trabajo y de hecho estoy pensando en crear una línea específica para comercializar mis fotografías. De momento es una idea, pero va a ser un modelo muy distinto a todo lo que hay actualmente en el sector. No es fácil vivir de la fotografía, pero es lo que me gusta y lucho por ello.