El mar «non é de todos»


Los más viejos del lugar recuerdan cuando el mar era de todos, aunque realmente no fuera así; había permisividad, pero de vez en cuando aparecía «a comandansia» y los furtivos caían como chinos, bueno, los furtivos más pardillos, porque los espabilados, sabe Dios cómo, huían antes de que la silueta blanca del marino se percibiera a lo lejos. Lo cierto es que, entonces, la gente que residía en poblaciones con playas de marisqueo a pie, tenía la posibilidad de acudir a la seca en los primeros días del mes de otoño. Hacían unas pesetillas que no les venían nada mal en tiempos de dificultades. Contrariamente a lo que, viendo lo que ocurre hoy, alguien pueda pensar, quienes sacaban los frutos de la arena, aunque fuera de forma esporádica, sentían estos parajes como algo suyo, y no solo desde el punto de vista del interés económico, sino desde el proteccionista.

Todo cambió cuando alguien pensó que había que dar el paso a la profesionalización. Transcurridos no menos de veinte años desde que se apostó por restringir la explotación de las playas a personas que vivan de ellas, da la impresión de que el objetivo está en pañales, que poco se ha avanzado. Si bien es cierto que hay colectivos de productores que trabajan en exclusiva los bancos naturales, es una realidad constatable que muy pocos pueden vivir de los frutos del mar; que, salvo escasas excepciones, están dirigidos por unas entidades obsoletas; que buena parte de los responsables de los pósitos ejercen al más puro estilo del rancio cacique; que la Administración pesquera consiente actitudes intolerables en tiempos de democracia... y mejor no seguir levantando un frágil castillo de naipes a base de incongruencias que afectan a un colectivo muy vulnerable.

El mar «non é de todos» desde hace tiempo. Si me apuran, es solo de unos pocos, porque no considero que sea de los productores que con buena fe trabajan para conseguir un sustento. El mar es hoy de dirigentes y colectivos que ejercen un chulesco derecho de propiedad sobre él consentido por la Administración. Colectivos que no dudaron en emplear dinamita para la pesca fácil, aunque supusiera matar toneladas de piezas cuyo destino fueran las fábricas de harina o el abandono a la deriva. Individuos que son capaces de capturar benjamines que no dan la talla oficial, madres ovadas o toneladas muy por encima de los cupos. Gente que intenta imponer unas normas de mercado no escritas. Supuestos profesionales que se regodean de las subvenciones que reciben de la Administración y no se involucran en defender la dignidad de su medio de vida.

Tiempos clave

Los tiempos que corren parece que sí, esta vez sí, son claves para el futuro de la pesca en Galicia, lo que significa que lo son también para los municipios barbanzanos. Y cuando la flota del norte de España lucha para conseguir cuota de xarda, no es de recibo que los pesqueros de aquí se dediquen a capturar toneladas de esta especie; en primer lugar, por respeto a los que están movilizándose; en segundo, porque los infractores dan la razón a quienes toman las decisiones; y en tercero, porque ese pescado se convierte en una fuente de ingreso de dinero negro.

Tampoco es de recibo que los colectivos profesionales se pongan en pie de guerra contra toda cuanta alternativa pesquera se intente poner en marcha. Hace unos años fueron las plantas de engorde de rodaballo; y ahora, los ataques van contra las granjas de salmón. Cuando surgió la polémica en la ría de Arousa, frente a la isla de Rúa, nadie de los que se opusieron a la instalación presentó un informe solvente que acreditara que este tipo de explotaciones acuícolas tuvieran un impacto negativo en el medio marino. Ahora vuelve el lío por el intento de fondear los criaderos en la ría de Muros, y los movilizados tampoco han presentado informes que avalen sus sospechas, a excepción de una experiencia anterior que para nada tiene que ver con la actual.

Lo sensato es informarse primero, y aquí quizás tenga algo de culpa la Administración por no, teniendo en cuenta los precedentes, aportar documentación precisa al sector antes de dar el paso, aunque sea experimental. Pero hay que reconocer un argumento de peso: si en los países nórdicos que son un indudable ejemplo en la defensa del medio ambiente funcionan este tipo de instalaciones, ¿por qué van a ser perniciosas aquí?.

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