Sin hogar en las fechas navideñas

María Hermida
María Hermida RIBEIRA/LA VOZ.

BARBANZA

Alrededor de una veintena de canes esperan en la perrera de Ribeira a que alguien los acoja; los responsables del recinto reconocen que es difícil darlos en adopción

04 ene 2011 . Actualizado a las 02:00 h.

Durante años, en la comarca barbanzana se habló de la necesidad de que hubiese una perrera; un lugar donde se pudiese dar cobijo a los perros que deambulaban por las calles o donde los ciudadanos pudiesen llevar a un can antes de abandonarle en otro lugar. También se decía que, con un recinto de esas características, sería más fácil que quienes quisieran adoptar un ejemplar pudiesen hacerlo. Ahora ya hay una perrera. Está en Ribeira, en el lugar de A Carballa. Sin embargo, no son muchos los que se animan a ir hasta allí con la intención de darle un hogar a estos animales. Así lo reconocen en la empresa que gestiona estas instalaciones, Servigal, que cifra en tres como máximo las adopciones que tienen lugar cada mes. «Es difícil, es bastante difícil que se los lleven», señalan.

Seguramente, muchos de los que alguna vez se plantearon adoptar un can y finalmente no se atrevieron deberían haber pasado por sitios como la perrera de A Carballa. Es difícil no encariñarse con alguna de las criaturas que hay en los distintos cubículos. Perros grandes, pequeños, guapos, feos, con mucho pelo, con poco, cachorros, adultos... Todos distintos, pero seguramente con las mismas ganas de topar un hogar, una familia con la que jugar, una caseta en la que dormir y unas zapatillas que esconder. Si alguien quiere llevárselos a casa, solamente tiene que acudir a las instalaciones de A Carballa, que abren tanto en horario de mañana como de tarde. O también puede llamar a Servigal, en el teléfono 981 26 30 93.

Con historia propia

Algunos canes que llegan a la perrera tienen historia propia. Por ejemplo, en el recinto de A Carballa estuvieron un boxer y un presa canario que habían sido maltratados. Los animales habían pasado tanta hambre que se volvieron vegetarianos, ya que en el sitio donde malvivían crecía la hierba, que era lo único que les llegaba al estómago.

Algo menos dramática es la historia de otro animal que también acabó en la perrera. Se trata de un can de caza que se cayó por un precipicio en una cantera de O Vilar. Los miembros del Grumir permanecieron durante horas en la zona intentando rescatarla. Finalmente, la sacaron sana y salva de este lugar. Tras pasar unos días en la perrera, fue recogida por su dueño, un cazador, que al parecer la había perdido en el monte.

Otros canes no tienen tanta suerte y sus dueños nunca los recogen. Ellos esperan por una familia de adopción. Quien se los lleve, debe pagar las vacunas que necesiten y la colocación del obligatorio chip. Luego, solamente tiene una deuda con ellos: darles el cariño que todo ser vivo se merece.