Esclava te doy

Maxi Olariaga

BARBANZA

14 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Las llamas que abrasaron desde hace miles de años los derechos de la mujer como ser humano, siguen incomprensiblemente encendidas quemando en el despegue las alas del siglo XXI y, a pesar de los amagos de la sociedad por llegar a la normalización, el varón no acaba de asumir lo antedicho. La mujer es un ser humano, tan humano como él y por tanto no se atisba cuál puede ser la diferencia entre los sexos a la hora de ser igualados en el rol social. Lo de «esclava te doy» no es una broma y en el fondo de un altísimo porcentaje de individuos machos hasta hoy, subyace la idea de que? si, pero bueno? hasta cierto punto?

Pilar Primo de Rivera, Pilar Franco y la esposa del ínclito Caudillo, dejaron bien claro y por escrito en sus tardes de Tea Party en el Palacio de El Pardo, cuál habría de ser el papel de la mujer, una vez herida de muerte la II República, en la nueva, una, grande y libre España. Desde los salones de Madrid salieron hacia todos los rincones de esta España que no es nuestra, miles de folletos en los que, como un nuevo evangelio, se anunciaban por escrito y gráficamente las nuevas funciones que cualquier mujer española de bien debería asumir en adelante.

Por miles, las nuevas y aplicadas evangelistas de azul falange, sembraron la semilla en las casas y en las plazas, en las escuelas y en los colegios, apercibieron a las órdenes religiosas y difundieron la mala nueva con verdadero ardor patriótico, animando al mocerío femenino con ilustraciones como la que hoy pueden ver, a someterse al imperio del varón que, por supuesto, no perdió la ocasión de obedecer ciegamente las sugerencias emanadas de tan alta autoridad.

La mujer, que con sangre acababa de conseguir derechos hoy tan elementales como el voto o el divorcio, se vio de nuevo reducida al esclavismo estúpido promovido por estas damas -aún quedan muchos ejemplares- ríspidas, insulsas, cursis y en su mayoría incultas y frías como el sable del General. La Acción Católica, cómo no, promovida por la iglesia del mismo apellido, se subió rápidamente al carro del vencedor y promovió todo tipo de actos conducentes a que las consignas emanadas de las sapientísimas damas del Régimen, se convirtiesen en leyes parroquiales de obligado cumplimiento, sonsacando mediante la confesión y la beatitud de porcelana, todos los incumplimientos a la norma que de inmediato eran castigados con severas penitencias. Y así, mientras con una mano se aplicaba el ego te absolvo, con la otra se practicaban juegos malabares debajo de las faldas con la ventaja del tahúr que se sabe inexpugnable.

A lo que en esa imagen se puede leer, les añadiré tríadas al azar alguna otra para que los mayores recuerden y los jóvenes sepan adonde los puede llevar esta gente a poco que les den carrete. Ejemplo 1: «Esposa. No te quejes si él llega tarde, si va a divertirse sin ti o si no llega en toda la noche. Trata de entender su mundo de compromisos». Ejemplo 2: «Esposa. Sé dulce e interesante. Una de tus obligaciones es distraerlo». Ejemplo 3: «Esposa. Déjalo hablar antes. Recuerda que sus asuntos son más importantes que los tuyos». Y así hasta el infinito.

Hoy en día, esta exageración permanece en muchísimos casos y casas disfrazada de algún modo y la mujer no consigue arrancarse la costra de la esclavitud. A poco observador honesto que uno sea, divisa el estigma, la mancha de las consignas que aquellas señoronas de rosario y limosna humillante fumigaron sobre este pobre país en el que, como máscara visible y trágica, se sigue derramando sangre femenina con la que a lo mejor friegan las dulces monjas los altares a los pies de los ilustres y silentes cardenales.