Una pescadera de Ribeira se quedó sin poder abrir su tienda por culpa de una obra
BARBANZA
La palabra indignación se queda corta para definir cómo se sentía, el lunes por la tarde, la comerciante ribeirense María Dolores Mayán. Esta mujer tiene una pescadería en la calle Galicia, la antigua General Franco y, habitualmente, además de despachar en horario de mañana, sobre las siete de la tarde la abre para vender el pescado que acaba de comprar en la lonja. Sin embargo, el lunes no pudo abrir las puertas de su negocio. Cuando llegó al establecimiento, se topó con que una valla verde recubría toda su entrada, impidiéndole el paso. Además, se percató de que, aunque retirase el cierre, había un agujero de dimensiones considerables justo delante de la puerta. Puso el grito en el cielo. Pero no consiguió solventar la papeleta y se marchó a casa sin vender un solo ejemplar.
La mujer no daba crédito a lo que tenía delante de los ojos. Ella con la mercancía en plena calle, con las cajas de plástico llenas de pescado, y su tienda completamente vallada. Al verse en semejante circunstancia, no dudó en llamar a la Policía Local. Los municipales se presentaron en el lugar de los hechos y le ayudaron a retirar la valla para que metiese dentro la mercancía. Sin embargo, aunque pudo poner el género a buen recaudo, fue imposible que vendiese, ya que en la entrada había un agujero en el que se podía caer cualquier persona.
El día después
Ayer, cuando llegó a primera hora de la mañana para abrir de nuevo el negocio, la cosa había mejorado un poco. Según contó, las vallas aún ocupaban parte de la entrada, pero ya se había habilitado un paso para la pescadería. «Eu aviseilles de que o día anterior tivera que chamar aos municipais e que non quería as vallas aí. Accederon e retiráronas», contaba esta mujer a media mañana.
Algo peor estaba en aquel momento una óptica que hay justo al lado de la pescadería. También tenía vallada casi toda la entrada, aunque había un pequeño pasillo para entrar. Desde este negocio señalaban: «Les dijimos que nos molesta un poco, pero entendemos que todas las obras generan problemas».
Al preguntarle a los comerciantes de qué tipo de obra se trataba, algunos pensaban que eran unos trabajos municipales. Sin embargo, desde el Concello desmintieron tal cuestión. Señalaron que se trata de una actuación privada para llevar la luz a un edificio que estuvo en obras recientemente. Por este motivo, es necesario que levanten el pavimento y agujereen el suelo para soterrar las canalizaciones necesarias.
Ayer a última hora, María Dolores Mayán se mostraba esperanzada de que la situación no vuelva a repetirse. «Espero que non volva pasar, porque non me parece de recibo que un chegue ao seu negocio e non poida abrilo», manifestó la mujer.