El dueño de la discoteca de A Pobra pide apoyo vecinal para poder abrir

Marta Gómez Regenjo
Marta Gómez RIBEIRA/LA VOZ.

BARBANZA

Numerosos habitantes de la zona de Xogo da Bola coinciden en que debe aumentarse la vigilancia policial

08 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En un intento por lograr que el Concello de A Pobra dé marcha atrás y le permita reabrir su negocio, el dueño de la discoteca clausurada a raíz de los acontecimientos que tuvieron lugar el pasado fin de semana, y que acabaron con una casa en llamas, buscó ayer el apoyo de los vecinos. Los convocó para explicarles su situación y pedirles «unha oportunidade para poder traballar. A min pecháronme o local por un incendio que non ten que ver comigo».

La respuesta a esta convocatoria fue desigual. Al encuentro, en la propia discoteca, acudieron media docena de residentes que, en su mayoría, consideran injusto el cierre del establecimiento: «A mí no me hace gracia que le cierren el local por culpa de cuatro salvajes porque los únicos que ganan son ellos». En esto coincidían otros residentes, que aseguraban que el ruido de la música ni les molestaba ni les preocupaba -salvo cuando se hicieron conciertos en la terraza-, pero sí la presencia de vándalos en las calles.

Por eso, antes de los últimos incidentes, ya enviaron un escrito al Concello reclamando que se incrementase la vigilancia: «Nunca pedimos que cerrasen la discoteca, lo que queremos es que frenen todo lo que hay en la calle». Con ese «todo» aludían a los botellones, destrozos y demás actos vandálicos que sufren los fines de semana.

Sin embargo, no todo el mundo está de acuerdo en que la discoteca no causa molestias en el vecindario y también hay quien se queja, y mucho, del ruido: «Estoy histérica desde que está este local. Si alguien abre una discoteca tiene que cumplir unas normas, y para mí este establecimiento no las cumple, en un mes y pico yo no vi que funcionase bien ni un solo día».

Inseguridad

Luego, un hombre que aseguró representar a muchos resistentes, que no asistió a la reunión porque considera que no tiene «nada que hablar con los dueños del local», insistió en el asunto de los ruidos y aseguró: «Organizaron unos conciertos en la terraza y no tenían autorización, así que que no digan que son un negocio legal. Y abren hasta las ocho o nueve de la mañana y no podemos dormir, ni salir a la calle ni por la ventana porque nos insultan y nos tiran cosas».