Lo que nadie sabe del puente de Traba

Javier Romero Doniz
Javier Romero NOIA/LA VOZ.

BARBANZA

La ineludible reforma de esta obra medieval ha servido para que los profesionales encargados de ejecutarla descubriesen los secretos que se escondían bajo sus piedras

07 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Son muchas las referencias que actualmente circulan en las guías turísticas que existen sobre Noia en Internet y que apuntan, entre otras cosas, que el puente de Traba «se encuentra en mal estado». Una situación que en pocas semanas estará solventada con su rehabilitación, siendo el resultado obtenido mucho más fructífero de lo que se esperaba cuando la Xunta inició las obras.

Además de recuperar esta construcción medieval, la mejora ha servido para conocer tanto la evolución constructiva del puente como para ayudar a despejar las leyendas que desde siempre circularon en en torno a su origen. Una de estas fábulas sostiene que una calzada romana pudo ser el origen de este puente, algo que la arqueóloga encargada de supervisar el proyecto, Manuela Pérez, considera, después de conocer el nucleo del mismo, «prácticamente imposible, a no ser que la derribaran en su totalidad y construyeran el viaducto que conocemos en la actualidad».

Una variante de esta teoría apunta que la calzada romana pudo situarse al mismo nivel del cauce del río Traba, algo que la misma Manuel Pérez descartó rotundamente, «sobre todo después de ver los problemas que tuvimos con la corriente del río para hacer estas obras y las secas que hubo este año».

Un mecano intemporal

La totalidad de las reformas llevadas a cabo, así como los hallazgos arqueológicos que fueron saliendo a la luz al desmontar el puente están recogidos en un informe. Entre las curiosidades reveladas está la época en la que fueron hechas las barandillas que delimitan la pasarela: «creemos que pertenecen al siglo XVIII y no el medievo, como el resto de la obra», desvelo la arqueóloga. Otro de los hallazgos apunta que «en el primer arco entrando desde Noia, en la parte de la clave, se denota el paso de los carros al estar la piedra pulida, mientras que el segundo tenía una fractura mucho más ruda que evidencia que no fue pisado nunca y que hace presuponer que se trata de una reconstrucción posterior».

Otra curiosidad que ha evidenciado el desmontaje de este útil punto de conexión entre la villa noiesa y la parroquia de Barro se encuentra en la cruz que existe en el céntrico pretil del puente -ahora extraída y en fase de rehabilitación- y en donde antiguamente las comitivas de los funerales interrumpían su recorrido y se paraban frente a ella, «al igual que con los cruceros», explica la misma profesional encargada del proyecto, que financia íntegramente la Xunta.

La mujer y el siglo XX

Todavía hoy son algunos los vecinos que residen en el entorno de esta pieza del patrimonio noiés, que recuerdan como en la primera mitad del siglo XX eran mujeres de la villa las obreras encargadas de trocear la piedra que luego se mezclaba con tierra, obteniendo como resultado el pavimento con el que se cubrió la calzada del puente durante una reforma acometida en aquellos años.

Otra de las sorpresas con las que han tropezado los operarios son las firmas de los diferentes canteros que grabaron sus conocimientos y trabajo sobre la piedra del puente, algo que según confirmó la arqueóloga «puede verse en otros lugares como San Martiño, aunque eso es mejor hacerlo paseando mientras se disfruta de un buen vino».