El ejecutivo dio a conocer que tiene financiación para cambiarle la cara a este barrio noiés y echar mano de la vieja curtiduría
07 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Hacer una visita a la vieja fábrica de curtidos de A Chaínza no es algo para recomendar a nadie. La maleza lo inunda todo y las instalaciones, que datan del siglo XVIII, no hacen más que agonizar. Poco más se puede ver que paredes, muros a medio caer y una vieja advertencia de peligro pintada en una puerta. Sin embargo, el sitio tiene algo de especial. Hace que uno se pare a pensar en cuántas construcciones antaño llenas de actividad fabril ahora están en las fauces del deterioro, o en cómo el esfuerzo de décadas queda reducido paredes desconchadas. La situación la resumía bien un hombre que trabajaba en una casa próxima a la fábrica: «Isto non é nada comparado co que houbo aquí».
Este mismo varón respondía con un «algo oín, pero non sei moi ben de que vai» al preguntarle por los planes que tiene el Concello para estas instalaciones y, en general, para todo el barrio. Quizás porque la maquinaria administrativa es lenta y los anuncios políticos no siempre acaban materializándose, de momento, los residentes aún no están demasiado familiarizados con lo que se va a hacer en el entorno. Y es que aún fue recientemente cuando el Concello de Noia dio a conocer que consiguió financiación -a través del Grupo de Acción Costeira y del Ministerio de Cultura- para ponerse manos a la obra. De momento, el dinero llegará para hacer algunas obras en el barrio y para retirar la maleza y hacer algunas labores de conservación en la curtiduría.
Estos trabajos en la fábrica tienen un pasado y un futuro. Antes de pensar en llevarlos a cabo, el ejecutivo que preside Rafael García Guerrero tuvo que reunir la financiación suficiente para comprar la curtiduría. Según señaló el mandatario, ese aspecto ya está solventado y ahora se puede actuar sin problema.
Factoría cultural
¿Y por qué los trabajos tienen futuro? Porque, en realidad, lo que persigue el Concello es convertir la vieja fábrica en una factoría cultural. En un edificio donde tengan cabida desde un conservatorio de música a otras instalaciones para fines artísticos.
Sin embargo, para eso es imprescindible una cuestión: que las Administraciones continúen abriendo el grifo de la financiación. Y es que algo está claro, para que el verde de la maleza que ahora reina por todas partes en la curtiduría dieciochesca se cambie por un verde esperanza hace falta mucho más que lo que puedan aportar las arcas municipales.