Si en lugar de recurrir a la desprotegida mina Conchita para hacer acopio de explosivos los terroristas del 11-M hubieran tenido acceso a plutonio o uranio enriquecido, las consecuencias de su ataque habrían sido devastadoras. La elucubración sobre un atentado semejante suena algo exagerada, pero la Administración estadounidense está convencida de que Al Qaida busca hacerse con armamento nuclear. Y de que, tal y como está el mundo, no le resultaría difícil conseguirlo.
José Luis Rodríguez Zapatero llegó ayer a Washington para participar en la cumbre internacional destinada, precisamente, a comprometer a los principales líderes mundiales en el control del material nuclear delicado. El Organismo Internacional de la Energía Atómica tiene documentados casi una veintena de robos o pérdidas, la mayoría de ellas en países de la antigua Unión Soviética.
Ni producción ni almacenaje
España no resulta, a priori, un país clave para la prevención del tráfico de material sensible en el mercado negro. Ninguna de sus instalaciones utilizan ni uranio altamente enriquecido ni plutonio; es un país sin armamento nuclear que ha prohibido tanto la producción como el almacenaje e introducción de este tipo de material en su territorio y, según el Gobierno, «los mecanismos de regulación y supervisión del Consejo de Seguridad Nuclear se encuentran entre los más desarrollados y efectivos del mundo».
Aún así, Zapatero está entre los 47 líderes reunidos para discutir sobre la amenaza del terrorismo y los mecanismos de protección nacional e internacional. No tendrá un vis a vis con el presidente de EE.?UU. porque eso ha quedado para los líderes de potencias nucleares: China, Alemania, Pakistán, la India, Sudáfrica y Kazajistán.
Las explicaciones que ofrece el Gobierno de su papel en la cita son variadas. Dicen que Obama quiere que desarrolle un papel de interlocución con países latinoamericanos que han hecho una apuesta por lo nuclear y ponen de ejemplo a Brasil.
En realidad, el presidente estadounidense puede hablar directamente con Lula da Silva, quien también ha sido invitado. Quien no lo ha sido, en cambio, es el venezolano Hugo Chávez. Este, además de haber mostrado su interés por construir su primera central nuclear durante una reciente visita de Vladimir Putin a Caracas, siempre ha hecho gala de su amistad con el presidente iraní Amahdineyad, cuyo programa nuclear es visto con recelo por la comunidad internacional.
Más allá de eso, España ha sido víctima del terrorismo islamista y sigue en el punto de mira de Al Qaida, por lo que el interés en ponerle trabas al armamento nuclear es tan intenso como el del que más.