En Noia hicieron un garabato en la iglesia de San Martiño, que es un monumento histórico nacional
24 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Si hubiese que buscar un denominador común para todos los concellos de la comarca, seguramente, no sería que disponen de tal o cual servicio o que casi todos tienen playa, colegios y bancos públicos en los que sentarse. Hay algo que, para disgusto de las autoridades locales y de la inmensa mayoría de los ciudadanos, está en todas partes, un fenómeno al que no escapa absolutamente ningún municipio barbanzano: el de las pintadas. Sea en edificios, mobiliario o calles, los garabatos de colores se suceden a lo largo y ancho de la comarca y hacer una ruta por ellos llevaría bastante tiempo. Sobre todo, porque aunque los concellos se dejan dinero y más dinero intentando borrarlos, cada día que pasa florecen unos nuevos como si de plantas en primavera se tratase.
En realidad, las pintadas llevan tanto tiempo pegando fuerte en paredes, edificios y mobiliario que ni los ayuntamientos ni las policías les dan ya demasiada importancia. «Algo hai, algunhas temos, non moitas», responden desde la mayoría de las policías locales. Sin embargo, salir a la calle buscando manchas es darse de bruces con otra realidad. Las hay por todas partes. En edificios públicos, privados, en señales, marquesinas, plazas recién inauguradas... Prácticamente, no existen apenas metros cuadrados donde no asomen la cabeza. Ningún concello es ajeno a esta realidad aunque algunos, como Ribeira o Carnota, parecen estar más en la diana de los vándalos.
Singulares
Haciendo un repaso por las cuatro esquinas de la comarca, hay dos pintadas que llaman sobremanera la atención por dos cuestiones distintas. La primera se hizo sobre la piedra de la iglesia de San Martiño de Noia, un templo que acabó de construirse en 1434 y que es monumento histórico nacional. Aunque se trata de un garabato pequeño, en color azul y no demasiado vistoso, hace daño a la vista.
La otra pintada, aunque en realidad son varias, que llama la atención es la que hay en la mediana de la autovía. No clama al cielo ni por sus colores chillones, parecidos al del resto de garabatos, sino porque uno se imagina cómo expuso su vida la persona que la hizo. Y es que, para acceder con el espray a la mediana, no queda otra que jugarse el tipo en medio de la carretera. En la autovía, aunque no lleva ni dos años inaugurada, no faltan manchas ni en los puentes ni en las vallas antirruido colocadas delante de muchas casas.
Por su guiño al Concello donde fue hecha, también merece la pena destacar una pintada que hay en Mazaricos «A vaca é o símbolo da paz», dice, y firma Castelao. Por mucho que sea perpetuar una de sus frases, seguro que al ilustre rianxeiro no le parecería bien ni mucho que se utilizase su prosa para embadurnar las paredes.