Cuando en el epílogo del franquismo y en los albores de la etapa democrática nos sumamos a la ola de consumismo que invadía Europa desde los Estados Unidos de América, pronto nos dimos cuenta de que después de diciembre, mes de gasto sin miramientos, y a partir del día 15 del estrenado año, teníamos la cartera vacía. Era una situación nueva para los españoles que fue bautizada como la cuesta de enero. Ahora, inmersos en una profunda depresión (lo de crisis se queda pequeño), el desnivel es todo el año, aunque en verano se suba mejor que en invierno. Pero el parón que hay después del día de Reyes se puede aprovechar para replantearnos algunas cuestiones y proyectar otras.
En ese sentido me ha sorprendido gratamente el anuncio que la Mancomunidad ha realizado en esta nueva etapa presidida por el alcalde de A Pobra, en línea con lo que desde este mismo espacio se reclamaba el domingo pasado: mancomunar servicios para un mejor funcionamiento y a menor coste. Un camino que si se anda de forma correcta nos ha de llevar a metas todavía más altas. Ese debe ser el desafío real de la entidad supramunicipal. Es verdad que nos ha tenido que apretar mucho el zapato para darnos cuenta, pero más vale tarde que nunca. Esperemos que ahora no se eternicen los procesos.
Esta semana remataba el plazo para solicitar parcelas en el polígono industrial de Rianxo que oferta terrenos de diferentes dimensiones, desde 72 a 90 euros, en función del destino industrial o comercial. Aunque sin duda es una buena noticia, queda el amargo sabor de muchos años de oportunidades perdidas, como es el caso del agotamiento del polígono industrial de Xarás, en Ribeira. Ahora sobra espacio en la segunda fase de Boiro, en Rianxo y ¡no te cuento en el parque comarcal! Y aunque en el futuro sean objeto de nuevas demandas y oportunidades, también tenemos claro que lo perdido será irrecuperable, sobre todo porque disfrutar de una etapa de desarrollo económico como la vivida entre 1997 y 2007 va a ser difícil a corto y medio plazo. Se generará otra riqueza, pero es imposible reponer la que se nos escapó. Este asunto debería hacer reflexionar a los políticos de lo importante que es llegar a acuerdos y consumar los proyectos en su momento. Tirando cada uno para su lado hemos perdido muchas oportunidades en la comarca.
Hablando de cuestas: ¿nadie tiene previsto poner remedio al tremendo badén que hay en la autovía al finalizar el viaducto de Cespón, en dirección a Padrón? Por cierto, digno heredero del que había en sentido contrario, también al finalizar el puente, en la antigua vía rápida. Con respecto a los de Boiro, estos elevados (siendo correcto el uso del mismo sustantivo), al final el problema será su lentísima realización y su deficiente señalización, que ya ha causado complicaciones. Una pena que al concejal de Urbanismo, al que nadie puede negar su frenética actividad, no se anticipase al problema. Y lo digo porque los éxitos dan fama y los errores, aunque sean menos, más.
Y ya como siempre, sin espacio, hacerme eco de la buena marcha del futuro Centro de Formación y Vivero de Empresas de Boiro, una iniciativa que bien gestionada debe repercutir muy positivamente en el municipio y en la comarca.