Si no tuviésemos en cuenta los salarios, honores y demás prebendas que muchos políticos reciben en contraprestación a su dudoso esfuerzo, que difícil sería su labor. Tan incómoda que posiblemente no se encontrarían demasiados para ocupar los cientos de miles de puestos que se han de cubrir. Y es que en lo público opina todo el mundo. Pero lo peor es que todos y cada uno se sienten una eminencia en cual sea el debate.
Viene esta reflexión a cuenta del alboroto causado con los badenes que se estaban instalando en la carretera de Boiro a Cabo de Cruz. También en otras pero no suscitaron tal polémica al ser menor el número, supongo. Si empezamos por el principio, decir que estamos hablando de un vial con mucha carga de tráfico y que es prácticamente urbano, por lo cual hay que adecuar el uso que de él hacen los vehículos a un gran número de peatones. Podemos sumarle, justo es reconocerlo, que por estos pagos de cada diez conductores uno o dos respetan las normas, incluyendo los pasos de peatones. Y si no prueben, pero ándense con ojo. Además, para rematar, en este vial se encuentran servicios importantes como el centro de salud o el polideportivo municipal, donde ya se han dado bastantes casos de atropellos.
Bueno, pues con todos estos datos parece obvio que algo hay que hacer (demanda presentada por pocos ciudadanos). Pero el gobierno municipal elabora un plan con la Diputación -responsable del vial- para que esta sufrague los gastos de colocar unos badenes en varios puntos. Y comienzan las obras. También los problemas. Es una obra que parecía necesaria pero casi todo el mundo coincide que quizás son demasiados saltos y sobresaltos. Así comienzan algunos a decir que mejor es que pusieran radares y así solo pagarían los que incumplan las normas, no perjudicando a los demás. Razonamiento al que solo hay que poner dos pegas: ya dijimos que los que no las respetan son mayoría y, segundo, la mayoría de los que apuestan por tal medida también protestarían si se hubiese optado por ella de principio, achacándola al ansia recaudatoria del Concello. Estamos por tanto ante un problema irresoluble, pues cualquiera de las medidas será impopular ¿Qué camino escogieron nuestros gobernantes? El de siempre. Primero no tuvieron comunicación con los vecinos. Luego fueron haciendo para sopesar el rechazo, para acabar deshaciendo lo hecho al primer vestigio de revuelta ¡Todo un ejercicio de responsabilidad! Aunque la justa respuesta a una sociedad farisaica. Y para redondearla entra en escena la Asociación de Empresarios Boirense (ABE), con una postura radical y hostil que solo se explica por lo evidente. Entidad que incluso realiza unas afirmaciones públicas sobre la falta de autorización, y otros detalles de la obra, que la Diputación se encarga de desmentir de forma tajante, dejando clara la falta de objetividad en los juicios emitidos. Y mira que, con lo que cae, no tiene terrenos la asociación empresarial en los que foguearse sin meterse en el primer charco que encuentra.
Con todo ello nos gastaremos una pasta gansa en hacer y deshacer unos pocos badenes light . En resumen, tendremos menos dinero y el mismo problema. Porque una no sabe si eran la solución pero sí tiene claro que algo habrá que hacer.