Las rutas de pasajeros por la ría han dado paso a catamaranes turísticos
13 dic 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Hasta hace poco más de veinte años, tomar una motora o un vapor para dirigirse a otro punto de la ría era un gesto casi tan corriente como lo es ahora sacar el coche del garaje. Durante varias décadas, el mar fue, además del modo de vida para mucha gente, un medio de transporte eficaz, rápido y económico. Tanto es así que la ría de Arousa llegó a contar con 25 líneas de pasajeros que unían las principales poblaciones del litoral. Solo cuando las comunicaciones terrestres comenzaron a mejorar y tener un coche dejó de ser una excepción para convertirse en casi una norma, el tráfico de pasajeros por vía marítima comenzó a languidecer. El panorama se invirtió rápidamente y a finales de los años ochenta las lanchas que durante años se encargaron del transporte de viajeros habían prácticamente desaparecido.
Una de ellas, el Ganges VI , que hasta entonces transportaba viajeros y mercancías entre A Illa y Vilanova, pasó primero a realizar servicios estacionales entre el muelle de Pedras Negras, en O Grove, y la isla de Ons, y después sería trasladada a Lanzarote para giras turísticas. Su destino es una metáfora de la evolución de un sector que dejó de ser un servicio público de transporte para convertirse en un recurso turístico. Desde entonces, junto a los barcos de pesca surcan la ría catamaranes que, desde varios puertos, muestran a los turistas la belleza de Arousa.
No fue el único cambio que se originó con la agonía del transporte marítimo de pasajeros. Su fin supuso un profundo cambio en las relaciones entre las localidades de la ría y, sobre todo, el distanciamiento entre sus dos márgenes, que difícilmente podrán tener por tierra una comunicación tan rápida y eficaz.
Bernardo Máiz dedica un capítulo de su libro As embarcacións de pasaxe nas rías galegas a la ría de Arousa. En esas páginas dibuja una evolución que habría comenzado en el siglo XVIII con una línea entre Isorna, en Rianxo, y Torres do Oeste, en Catoira, que curiosamente se recuperó provisionalmente cuando hace algunos años se reparó el puente de Catoira.
Enlace Ribeira-Carril
Hacia el año 1776 funcionaba ya una intensa comunicación marítima entre Ribeira y Carril. Por esos años la actividad marítima del interior de la ría creció apoyada por el impulso de las fábricas de salazón, que precedieron a las conserveras.
Fue el tráfico marítimo el que posibilitó la creación de una aduana en Carril, y fue también el que permitió a este puerto comenzar a realizar operaciones con América. Ambos factores, con la llegada del ferrocarril, colocaron al muelle carrilexo en una situación de privilegio, una primacía que solo pudo ser arrinconada cuando la Royal Navy vino a enriquecer la actividad portuaria de Vilagarcía y cuando en esta ciudad se construyó el muelle de hierro. Desde entonces fue la capital arousana la principal referencia a la hora de diseñar las líneas de pasajeros entre las localidades del litoral arousano. Fue también entonces cuando empezó la época dorada para el comercio vilagarciano.
Pero si Vilagarcía es uno de los pilares del tráfico de pasajeros en el interior de la ría, no puede olvidarse que, hasta hace 24 años, el barco era la única forma posible de llegar a A Illa. Desde aquí se establecieron líneas regulares con Vilagarcía y con Vilanova. El que los isleños solían llamar el vapor de Ribeira les trasladaba a la capital arousana para hacer sus compras o para disfrutar de su ocio, mientras las motoras unían la entonces parroquia vilanovesa con la parte continental del municipio.
Este tráfico entre Vilanova y A Illa se enriqueció en 1980 con la llegada de una lancha de desembarco que después de servir a la Armada terminaría sus días transportando vehículos hasta la isla arousana. Cinco años después, la apertura del puente abriría también una nueva era, radicalmente diferente, en las comunicaciones de A Illa.