Estos días hemos asistido a una jornada más del culebrón Goiáns. Los ciudadanos de Boiro, que llevan actuando como espectadores de este esperpento los últimos seis años, han sobrepasado con creces su capacidad de asombro. El más reciente episodio tuvo lugar el pasado lunes con la visita del parlamentario nacionalista Jorquera y el grupo del benegá local dirigido por su comandante en jefe, el alcalde Deira. Ambos irradiaban una alegría de niños pequeños, mientras al fondo de la imagen se atisbaban dos figuras, quienes parecen ser los dueños del pazo, que evitaron protagonismos, ya se sabe, business is business , y se limitaron a abrir la finca y observar la cara de notario del diputado y la alegría decisiva e incisiva de Deira.
En una dimensión más política, el grupo nacionalista, a sabiendas o no, escenificó una revuelta irmandiña pacífica. Esta nueva entrega del terrorífico caso Goiáns, la visita de Jorquera, la escenificación de una promesa electoral y un reto teóricamente cumplido, supone el pistoletazo de salida de la precampaña de las municipales. Pero esta incursión en el sueño del alcalde puede ser contraria a sus intereses por revalidar un gobierno bipartito, a la vez muy contestado por la ciudadanía y la única posibilidad de repetir su mandato, si es que le queda alguna.
Cuando Deira intentó conseguir el pazo para el Ayuntamiento mediante una gestión, con voto tránsfuga incluido, y a costa de una negociación inmobiliaria de magnitud no muy bien calculada en A Pedreira, estuvo a punto de costarle la alcaldía.
Pasó el temporal y el regidor no renunció ni renuncia a sus ansias por Goiáns. Es como si el regusto del pacharán fresquito le hiciese recordar ensoñaciones de la nación de Breogán y él, como buen líder, intenta capitalizar lo que será el emblema del resurgir nacionalista en la comarca.
Pero la pena es que esta parte épica no vaya acompañada de otra brillante y hermosa, la de los bardos, aquellos poetas de la historia antigua, de los celtas irlandeses, los galos y galeses que no podrán relatar sus historias en las largas noches de invierno. Como mucho, el BNG local tendrá que contentarse con los relatos de Asurancetúrix, el personaje de la serie de cómics de Astérix y Obélix.
Creo que una gran parte del PSOE no forma parte, ni mucho menos, de la ilusión irmandiña del alcalde y su grupo, en el que también hay divisiones, y todavía menos después de la deslealtad institucional con que el BNG lleva este asunto. La no invitación al grupo municipal del PSOE en la visita de Jorquera a la torre el pasado lunes, teniendo en cuenta que el dinero viene de Madrid, ha abierto más de una herida y puede hacer que los sueños de Deira acaben en humo, como siempre.
Desde el PSOE ya se temen una reacción de la ciudadanía ante un proyecto que no es precisamente austero en el gasto. Pues si el precio de cuatro millones de euros ya parece algo excesivo (costó algo más de dos) el coste de su rehabilitación y posterior mantenimiento puede hacer que, para saldar las cuentas públicas del Concello, haya que esperar un milagro. Como ya advirtió Jeremy Rifkin, el milagro se hizo con las tarjetas de crédito.