Nació y creció en la pequeña villa inglesa de Lynton, en el condado de North Devon -al sur de Inglaterra-. Andrew Shortland se siente un ciudadano del mundo que salió en 1997 en un pequeño barco de diez metros de largo, el Brillig, una palabra sacada del libro Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carrol, que significa hora del té.
En doce años de continuos viajes, este ciudadano británico ha recorrido más de 35.000 kilómetros, casi tanto como la circunferencia terrestre, pintando los hermosos paisajes que ha visitado. Junto a su esposa, Rika Shortland, nacida en Kyoto y una reconocida pianista de música clásica, estuvieron en Portugal, Canarias, el Caribe, la costa este americana, Azores, Francia y, naturalmente, Galicia, donde han estado ya en cinco ocasiones.
Artista y marinero, las acuarelas de Andrew Shortland pudieron contemplarse recientemente en el pub pobrense Amanitas, donde se han vendido muy bien: «La mejor exposición de este año en Galicia fue la de A Pobra, sin lugar a dudas», asegura Andrew, que este año expuso también en Vilaboa y en la ensenada de San Simón, en la ría de Vigo. «¿La próxima? Tal vez en Rianxo, pero habría que planearla bien, pues acaba de vender casi todos los cuadros y hay que ponerse a trabajar en otros nuevos», apuntó.
Rika es para el artista algo más que una compañera de viaje: «Es mi conexión espiritual y mi complemento», sentenció. Actualmente, ambos viven en el pazo de Brión, en la parroquia rianxeira de Leiro, un lugar frecuentado por otros pintores y escritores, cuya propietaria, Maricruz Bilbao, está muy relacionada con el mundo del arte.
Probablemente lo que más les gusta de la comarca de Barbanza sea la naturaleza, el mar, las montañas y el contraste de colores de sus paisajes: «No echo de menos nada de Inglaterra, amo este lugar. Barbanza es una zona muy bonita y con una atmósfera que me inspira a la hora de trabajar», afirmó Andrew Shortland. El pintor añadió: «El clima húmedo es bueno para las acuarelas».