La perrera de Ribeira fue reparada de forma integral y al fin está funcionando

BARBANZA

04 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Luz al final del túnel. La perrera de Ribeira, cuyas instalaciones estuvieron listas pero sin estrenar varios años y que luego fueron pasto de ladrones y vándalos, al fin están reparadas. Y no solo eso. Aunque no se trate del servicio mancomunado en el que se pensó inicialmente, por fin los ladridos de los canes, síntoma inequívoco de que el inmueble está ya operativo, se oyen en la zona ribeirense de A Carballa. ¿Cómo funciona? El Concello contrató a una empresa de lacería que se está encargando de gestionarla y que, hoy por hoy, es la única firma que tiene un sitio en la comarca para poder dar cabida a los canes abandonados.

El cambio vivido por la perrera de unos meses a esta parte se evidencia incluso antes de llegar a la puerta de las instalaciones. Una cadena, que por el día permanece bajada, indica que el recinto está algo más protegido que antes, cuando ladrones y vándalos camparon a sus anchas por la zona y lograron destrozar por completo un edificio que estaba sin estrenar.

Una decena

Al llegar a las puertas de la perrera, el ruido se hace ensordecedor. No son máquinas. Ni coches. Son ladridos. Y es que al menos una decena de perros viven ya en las instalaciones. Dos de ellos hacen las veces de vigilantes, y reciben al visitante tras las vallas. Solo con ver desde fuera el edificio queda claro que las obras hechas para paliar los desperfectos ocasionados por los ladrones surtieron efecto. Las ventanas y puertas antes destrozadas ahora vuelven a lucir de color verde. Y en los cubículos de los canes ya no se ven los cables sueltos ni los hierros colgando que dejaron como herencia los cacos y vándalos. Aunque la firma que gestiona los canes prefiere no mostrar el interior, fuentes de la empresa señalan que todavía faltan algunos retoques y que, por eso, la perrera todavía no podría estar al 100% de su capacidad.

Al servicio del ciudadano

Por el momento, la mayoría de los canes que hay en las instalaciones ubicadas en A Carballa proceden del peor de los lugares: la calle. Los animales habían sido abandonados y, por tanto, esta empresa se encargó de recogerlos y, ahora, de mantenerlos. En la normativa municipal que regula el funcionamiento de la perrera, que se llevó recientemente a pleno, se indica, precisamente, que se considera animal abandonado a aquel que se encuentre desatendido en un lugar público. Y que si uno de estos ejemplares acaba en la perrera pueden pasar dos cosas: que sea identificado y, por tanto, su dueño será avisado y tendrá diez días para recuperarlo, una vez que abone los gastos de mantenimiento originados. En cuanto a si no llega a saberse quién es el propietario, el can se retendrá por un plazo de veinte días y, transcurrido ese tiempo, se le podrá dar «o destino máis conveniente».

Así, con este tímido comienzo, con casi una decena de perros blancos, negros, grandes y pequeños ya ladrando en su interior, la perrera de Ribeira rompe una barrera que hasta ahora se había tornado imposible: que la comarca tenga un lugar público donde se recepcionen animales. Y es que, aunque se empezó a construir hace más de un lustro, las instalaciones jamás llegaron a estrenarse y estaban prácticamente echadas a perder por culpa de los cíclicos saqueos de vándalos y ladrones. Ahora, solo cabe esperar que, en poco tiempo, esté a pleno rendimiento y A Carballa se convierta en el refugio de 150 perros, cumpliéndose así la promesa que hicieron los políticos a los ciudadanos cuando se invirtieron 150.000 euros en levantar el edificio.