El palco que sembró la discordia

BARBANZA

El conflicto que enfrentó a vecinos de Exipto y a un empresario por la construcción de un escenario sigue vigente tras 20 años

23 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Así como hay heridas que nunca se cierran, hay también disputas que nunca llegan a solucionarse. En este apartado podría incluirse el conflicto entre la asociación de vecinos y un promotor que mantienen desde hace años en torno a un palco para las orquestas construido en Exipto, en la parroquia boirense de Abanqueiro.

Hoy por hoy, un palco de estas características resulta un tanto arcaico y además prescindible. Lo que ocurre es que la disputa se remonta a hace veinte años, un tiempo durante el que la en su día esperada construcción no llegó a estrenarse. De hecho, los residentes en la zona no pueden utilizarla para ningún tipo de acto, fiesta o reunión vecinal porque la estructura es propiedad del empresario que la puso en pie.

El problema se remonta a 1989, cuando, una vez rematadas las obras, asociación de vecinos y promotor no llegaron a un acuerdo sobre el coste final de los trabajos, ejecutados en terrenos propiedad de la comunidad de montes de Abanqueiro. Se inició entonces un proceso judicial que impidió que el palco llegase a estrenarse.

Distintas versiones

La historia es tan vieja que las versiones de los distintos implicados empiezan a diferir, y mientras desde la comunidad de montes afirmaban creer que el proceso judicial abierto seguía sin resolver porque «ninguén quere ceder», desde la asociación de vecinos afirmaban que hay una sentencia favorable al promotor y que por lo tanto es él el legítimo propietario de la construcción.

Representantes del colectivo vecinal explicaban que se intentó, incluso con la mediación del Concello boirense, llegar a un acuerdo con el empresario pagando el importe que pide por el palco, pero afirman que el problema está en que al dueño de la estructura no le interesa el dinero y que pretende permutar la construcción por unos terrenos de la comunidad de montes: «Insiste en que se lle deben os cartos, pero non os quere», afirman.

Y en medio de todo este batiburrillo están los vecinos de Exipto, que consideran que lo mejor sería derribar la estructura porque, básicamente, no sirve para nada e inutiliza un espacio importante en el campo en el que se celebran las fiestas. Además, se habla también de la suciedad y de los «usos indebidos» que se dan a la tarima.

Falta de acuerdo

En lo que sí hay coincidencia entre las partes protagonistas de este culebrón es en que la situación no tiene visos de que vaya a solucionarse en un período corto de tiempo.

De hecho, tanto desde la asociación de vecinos como desde el Concello de Boiro, que actuó como mediador en el conflicto, tienen asumido que, de momento, y tras veinte años de conflicto, el empresario «non está pola labor de dar o brazo a torcer».