El bum del celuloide dejó su huella

BARBANZA

Entre los años setenta y ochenta llegaron a convivir casi una treintena de salas cinematográficas en la comarca. Hoy solo funciona un negocio en Ribeira

13 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Tuvo un pasado brillante, pero el negocio del celuloide en Barbanza no pudo superar la diversificación de la oferta cultural y la irrupción de las nuevas tecnologías. Entre los años setenta y ochenta, la época de esplendor del séptimo arte, llegaron a funcionar en la comarca casi una treintena de salas que poco a poco fueron escribiendo el último capítulo de su historia para convertirse en otros negocios, para sucumbir al bum inmobiliario o, simplemente, para pasar a ser ruinosos edificios. De aquellos establecimientos pioneros ya no queda ninguno. De hecho, el único cine que funciona en la zona está en el centro comercial de Ribeira, que abrió sus puertas en 1998.

Al igual que en los municipios más poblados de Barbanza, en el ribeirense llegó a haber, prácticamente, una sala de proyecciones por cada parroquia. Sin embargo, los más concurridos fueron el de Moraña, que abrió sus puertas a mediados de la década de los cuarenta en la plaza de Vigo; el del Filipino, que estaba situado en la actual calle peatonal; el Millán de Palmeira, cuyo edificio amenaza a día de hoy con venirse abajo; y el Cine Novo. Este, perteneciente también a los Moraña, fue el último que cerró sus puertas en Santa Uxía, a comienzos de los noventa, y se encontraba en Rosalía de Castro.

También los boirenses contaron en el pasado con una amplia oferta de salas de cine, puesto que en todo el municipio llegaron a funcionar casi una decena de establecimientos. Eso sí, en la etapa dorada del celuloide estaban dos activos: el de Outeiro, que sucumbió en 1997 a un incendio cuando hacía poco tiempo que en su pantalla apareciera el The end definitivo; y el Avenida, que ocupaba un local en la calle Principal.

Irrupción en Noia

El séptimo arte también pisó fuerte en Noia, una localidad que en 1945 era escenario de la apertura de su primera sala. Con cuatrocientas butacas irrumpía en la villa el Cine Galicia, un negocio que años más tarde tendría dos serios competidores: el Felipe de Castro y el coliseo Noela. Este último edificio había abierto sus puertas en los años veinte como teatro y como centro cultural. Ninguno de estos establecimientos pasó operativo la década de los ochenta.

Si emblemática sigue siendo en Noia la huella que dejó el celuloide, con el majestuoso coliseo Noela como testigo, no lo es menos la que se conserva en A Pobra, donde el teatro Elma es el gran exponente del pasado glorioso del séptimo arte. La historia de esta sala se escribió entre 1953 y 1999, cuando se despidió con Algo pasa con Mary . Durante un tiempo convivió con el Teatro Principal, uno de los más antiguos de la zona, cuya entrada en funcionamiento tuvo lugar en los años treinta.

A esta lista de inmuebles emblemáticos hay que añadir el antiguo cine París de Muros, situado en pleno casco histórico y en avanzado estado de abandono pese a la batalla emprendida hace años por el Concello para tratar de lograr su titularidad. A día de hoy, sigue en manos privadas, al igual que la otra sala importante que funcionó en la localidad, el cine Avenida.

Este último, un nombre muy común en el sector. Y es que Rianxo también tuvo su cine Avenida entre 1945 y 1998, cuando cerró sus puertas tras sufrir un importante incendio. En esta villa funcionaron también la sala Rubén, cerca de la casa consistorial, y El Centro, en Asados.

Corta fue la vida de los cuatro establecimientos que hubo en Carnota, los dos de Outes y el de Mazaricos. Todos ellos proyectaron sus últimas películas en la década de las setenta. En algunos casos, lo hicieron para tratar de abrirse camino en lo que por aquel entonces era la irrupción de las salas de fiesta.

Algo parecido ocurrió en Porto do Son, donde el cine dio paso en los ochenta a una discoteca. Tras un incendio, en el lugar se levantó una urbanización.