El efecto «Saleta» todavía persiste

BARBANZA

Aunque en casi todas las villas marineras de Barbanza sigue habiendo desfiles por mar, la mayoría de los armadores solo llevan a familiares y amigos en sus barcos

12 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Era una de las tradiciones más llamativas y concurridas de una comarca eminentemente marinera como es Barbanza. Decenas de embarcaciones abarrotadas de público surcaban las aguas para rendir homenaje a la Virgen del Carmen. Pero un accidente ocurrido en Aguiño hace una década provocó un cambio brusco en las procesiones marítimas. Actualmente, pese a que la costumbre pervive en casi todas las localidades, muchos armadores son reacios a participar y otros, solo llevan a familiares y amigos en sus embarcaciones.

El 16 de julio de 1998 todo estaba listo para que el pueblo marinero de Aguiño rindiera homenaje a la Virgen del Carmen. Barcos engalanados, músicos preparados para tocar la Salve marinera y numerosas personas dispuestas a surcar las aguas con el fin de presenciar el lanzamiento de la corona. Pero un fatídico accidente empañó el ambiente cuando la jornada festiva entraba en su recta final. Concluida la ruta, y durante las maniobras de atraque de los barcos participantes, un niño que viajaba a bordo del buque Saleta sufrió una importante lesión en una de sus piernas. Aunque en aquel momento fue considerado un fatal accidente, sus consecuencias condicionarían para siempre las procesiones marítimas.

La fiesta de los marineros dio un giro de 180 grados seis años después del trágico suceso, cuando salió a la luz una sentencia que condenaba al armador del Saleta a abonar una indemnización de 300.000 euros. A partir de entonces, y pese a los esfuerzos que hicieron concellos, cofradías y otros sectores, las procesiones marítimas nunca volvieron a ser lo mismo.

Suspensión casi total

El miedo de los armadores a tener que hacer frente a cuantías desorbitadas y las duras exigencias impuestas por el Ministerio de Fomento a la hora de permitir que personas no enroladas viajaran en barcos pesqueros hicieron que el efecto Saleta se extendiera por toda la comarca. En el 2004 se suspendieron las procesiones marítimas en casi todas las localidades de Barbanza y, pese a que poco a poco la tradición fue recuperándose en buena parte de ellas, todavía hoy los desfiles siguen siendo muy limitados en cuanto al trayecto y al número de personas y buques participantes.

Tan escarmentado quedó el Ayuntamiento de Ribeira que decidió no volver a repetir la multitudinaria procesión marítima que cada año se desarrollaba coincidiendo con las fiestas de verano. Y ello, pese a que el ejecutivo considera que era una de las actividades principales del programa de festejos: «Para nosotros fue muy duro tomar la decisión, pero no nos queda más remedio», señaló el concejal de Cultura, Luciano Fernández.

El edil explicó que, al igual que ocurrió en las últimas ediciones, un par de barcos con autoridades surcarán las aguas de la ría arousana para arrojar la corona, después de que fracasara su idea de montar una procesión utilizando catamaranes: «Solicité un presupuesto, pero era demasiado costoso. Además, había un número muy limitado de plazas y así no tenía mucho sentido, puesto que en Ribeira se congregaban miles de personas dispuestas a embarcar».

Una de dos

Tampoco quieren saber nada de la procesión en honor de la Virgen del Carmen los rianxeiros. Después de que se hiciera público el contenido de la sentencia contra el armador del Saleta , el desfile se limitó a un recorrido por tierra y así continúa en la actualidad. Eso sí, parece que en esta villa tira más la Guadalupe, puesto que en las fiestas de septiembre sí que siguió habiendo ruta marítima. El patrón mayor, Baltasar Rodríguez, atribuye la continuidad de esta tradición a su coincidencia en domingo: «Foi a menos o número de barcos e hai armadores que son reacios a levar a xente de fóra, pero como sempre cae en domingo, xúntanse no medio da ría barcos de diferentes localidades e sempre se consegue un número considerable de participantes».

Lo mismo ocurre en otras seis villas marineras de Barbanza: Muros, Porto do Son, Portosín, Escarabote, Cabo de Cruz y Lira; en las que el empeño de los trabajadores del mar sigue manteniendo viva una tradición que puede llegar a ser demasiado cara.