El ambiente que ayer se vivió en Jealsa fue de tanta empatía que el Rey no pudo reprimir una improvisada intervención que casi no pudo acabar abrumado por los intensos aplausos. Pero para que se produjera tan buen ambiente, la situación contó con unos colaboradores de excepción que, cumpliendo con su complicado trabajo, consiguieron no interferir para que las muestras de afecto entre el monarca y el público se sucedieron: fueron los encargados de la seguridad y el protocolo.
Realmente, como en el símil futbolero del comienzo de esta crónica, los árbitros eran caseros, ya que dos de los responsables de ambos departamentos son coruñeses, y el tercero es un asturiano que habla gallego y que es un enamorado del Camino de Santiago, que ha recorrido más de diez veces.