Esta empresaria colombiana de Cali conoció a su esposo, Enrique Francisco Dios, hace cinco años a través del chat
08 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Isabel Cárdenas Otero (Cali-Colombia, 1982) lleva desde el 2004 residiendo en el municipio ribeirense con su esposo, Enrique Francisco Dios, al que había conocido un año antes a través del chat. «Internet y el amor me trajeron a Ribeira», sentenció la mujer. Fruto de este matrimonio nació Laura, que en la actualidad cuenta con 18 meses de edad.
Isabel cursó estudios de fisioterapia en la Universidad de Santiago de Cali, que compaginaba con su trabajo en una clínica de cirugía plástica. Sus tres pasiones, como ella misma reconoce, son el baile, la lectura y conectarse a Internet, donde se comunica con sus seres queridos y sigue la actualidad informativa a través de los medios de comunicación de su país.
El destino quiso que un día Isabel conociese a su marido a través del Messenger, con el que mantuvo contacto diario durante cerca de un año. Posteriormente, Enrique decidió visitar a Isabel en Cali. «El pretexto para venir fue que le gustaba el baile» señaló. Y añadió: «En principio vino para pasar dos semanas, aunque luego estuvo un mes». A partir de este encuentro sus vidas cambiaron para siempre. Él le propuso venirse a Ribeira, y ella aceptó. «Dejé todo lo que tenía allí por estar con Enrique», dijo.
Se casaron en Cali el 10 de abril del 2004 y pusieron rumbo hacia la capital barbanzana. «Nunca había estado antes en España y cuando me nombró Ribeira me imaginé que se trataría de una gran ciudad, del estilo de Madrid, Barcelona o Valencia, algo que quedó descartado cuando busqué información de la localidad en Google».
Cambio
Reconoce que el cambio que supuso pasar de residir en una ciudad que supera, con creces, los dos millones de habitantes, a otra que no alcanza los 30.000 fue bastante significativo. Sin embargo, eso no fue óbice para que Isabel Cárdenas se adaptase a su nueva vida en este tramo del litoral gallego de manera inmediata. «La comarca ofrece una tranquilidad que la convierte en un sitio único en el que vivir».
Junto con su marido, que ya regentaba una panadería en Aguiño, abrió dos nuevos establecimientos; uno en la parroquia aguiñense y el otro en la calle Mariño de Rivera, en Ribeira. «La cosas no nos van nada mal, pese a que la crisis económica hace un poco de daño en el pequeño comercio».
Isabel también se muestra agradecida por el trato que le dispensaron, tanto los amigos como los familiares de su marido cuando llegó a Ribeira. «No conocía a nadie y fue importante su apoyo», señaló. Aunque también admitió que tuvo que sufrir algún que otro improperio por ser colombiana. «Pero si pones en una balanza lo bueno y lo malo de estos cuatro años de estancia, el saldo es netamente positivo», subrayó
Si en Cali, Isabel tenía en Internet, el baile y la lectura sus grandes pasiones, en Ribeira tiene otra de año y medio que acapara toda su atención: su hija Laura, aunque siempre que puede acude al ordenador para hablar con su familia a la que echa en falta. «Estuvimos en septiembre y la verdad es que cada vez que voy está todo más cambiado», comentó con cierta nostalgia. Y añadió: «Realizamos un amplio periplo por las principales ciudades del país, ya que Enrique solo conocía Cali. De lo visitado él se quedó prendado de Cartagena de Indias».
Circunstancias
Sobre las posibilidades de volver algún día a su Cali natal, la empresaria de Santa Uxía señaló: «Todo el mundo que sale de su lugar de origen lo hace con la intención de regresar, porque allí están sus raíces, aunque dadas las actuales circunstancias lo veo complicado porque tengo mi vida y familia aquí, y además me encuentro muy a gusto».
A Isabel Cárdenas le cambia el semblante de la cara cada vez que se le nombra la palabra Colombia. «Significa todo para mí. Allí están mis seres queridos, mis amigos y una parte muy importante de mi vida». Entre las cosas que más echa de menos se encuentra el clima y la fruta. «Los zumos naturales son una de mis pasiones y es un producto que ustedes aquí no potencian», comentó.
Sin embargo, la ausencia de familiares y de algunos productos típicos de su tierra se compensan, de alguna forma, con los manjares que se ofrecen en esta comarca. «Las almejas a la marinera y el pulpo son dos de mis platos favoritos, y hay varios sitios en Barbanza que los hacen de una manera única», subrayó.
Tranquilidad
Dejando a un lado la gastronomía, Isabel Cárdenas Otero quiso destacar también la tranquilidad como otro de los activos con los que cuenta la zona barbanzana y que más llama la atención a los que deciden iniciar su vida aquí procedentes de otros lugares. «Creo que este sitio es el último reducto en el mundo en donde se puede dejar un coche con las puertas abiertas sin que exista el temor a que te lo roben. Eso es impensable en Colombia», apuntó.
También destacó la forma en cómo se celebran las fiestas en las localidades barbanzanas. «Es muy diferente a cómo se organizan en mi país, ni mejor ni peor, simplemente, diferente».
La empresaria ribeirense también quiso desterrar la idea que muchas personas tienen sobre su país. «Hay narcotráfico y la economía no va todo lo boyante que debiera, pero de ahí a decir que en Colombia se muere uno de hambre, media un abismo». Según ella, «muchos colombianos se marchan por el elevado nivel de inseguridad ciudadana existente, pero no porque no tengan dinero para sobrevivir».