Si se tratase de un municipio cualquiera, el pleno celebrado el viernes a última hora en Porto do Son solo podría calificarse de estrafalario. Pero, teniendo en cuenta que el escenario era un salón noble donde a menudo pasan cosas como que los vecinos acaben a grito pelado con los concejales, lo cierto es que la última sesión plenaria no tuvo los tintes sorprendentes de las anteriores. Los ediles se mostraron comedidos. Y el público, que normalmente tiene que permanecer de pie tras abarrotarse las sillas, se podía permitir sentarse en un asiento y poner las chaquetas en otro.
Uno de los primeros asuntos a debatir fue la modificación de una ordenanza. Es decir, se llegó a un acuerdo para que puedan cobrarse las fotocopias, las compulsas y la tramitación de los más variopintos documentos en el Concello. El alcalde, Manuel Tomé, dijo que era necesaria esta medida puesto que ahora mismo había quien solicitaba un proyecto de dos mil folios sin pagar ni un solo euro.
Plan de carreteras
Luego, el PP expuso una alegación para pedir a Política Territorial que Porto do Son no quede aislado. ¿A cuento de qué? Al analizar el plan director de carreteras de la Xunta, el ejecutivo descubrió que la tierra sonense no estará conectada ni con la variante de Noia ni con la autovía barbanzana, por lo que la intención era exigir una vía de alta capacidad que enlazase al municipio con ambas.
Pero la oposición no tragó con la idea. Aunque el PSOE de Ramón Quintáns primero dijo que iba a votar a favor, luego indicó al ejecutivo que lo mejor era dejar el asunto sobre la mesa y estudiar qué es lo que se quiere. Ayudado por la nacionalista Ánxela Franco, que indicó que lo mejor era que los portavoces madurasen la idea, Quintáns se llevó el gato al agua. El alcalde optó por dejar para otro día la alegación y sentenció: «En asuntos de interese xeral é mellor consensuar as cousas».
No fue la única vez que se habló de infraestructuras. El PSOE llevó a pleno una moción sobre el polígono industrial. Quería pedir a la Xunta que se incluyese en un plan sectorial determinado. Pero tanto el PP como el BNG le insistieron en que, tal y como estaba redactado el texto, lo que pedía era que el parque empresarial se incluyese en el derogado proyecto surgido a expensas del Pan Galicia. Al final, se cambió la literatura y hubo una petición unánime a Vivenda que se resume en una meta: que el recinto de naves sea realidad cuanto antes.
A vueltas con el trabajo
Sin embargo, si en los grandes asuntos hubo acuerdos, en las cosas que a priori parecían más fáciles los ánimos se caldearon. Por ejemplo, el ejecutivo llevaba a pleno una petición para cambiar la concejala que asistirá a las reuniones de los consejos escolares porque la edila que lo hacía hasta ahora no puede seguir por motivos laborales. Ánxela Franco se mostró muy crítica al decir que no es lógico que «en 15 meses de goberno cambiaran vostedes tres veces de representante. ¿Tómano a coña?».
Las palabras airadas ya no se marcharían del salón hasta levantarse la sesión y, en el turno de ruegos y preguntas, el salón parecía casi una taberna. Se preguntó por cosas tan singulares como por qué el Ayuntamiento compra material en Ribeira en vez de favorecer el comercio local y por numerosas obras que dan problemas.
Apagón
Pero las cuestiones reinas fueron las de Quintáns. Preguntó al alcalde si él le robó algo o si saben de alguien a quien le haya robado. Pena que las respuestas no vayan a llegar hasta el próximo pleno. Quizás, en esa sesión, se recupere también la tensión. Porque el viernes, como un síntoma más de que el ambiente estaba más gris que nunca, hasta se fue la luz. Eso sí, al alcalde el apagón no se le resistió. Lo arregló, nunca mejor dicho, a la velocidad de la luz.