Arcadio Pérez Vázquez, capitán de la compañía de la Guardia Civil con base en Noia desde enero de 2006, tiene a su cargo 170 agentes, que están distribuidos en 11 cuarteles y velan por la seguridad de los ciudadanos de 17 municipios.
-¿Cuál es la labor de un capitán?
-Es un trabajo de coordinación, inspección y control de las unidades que tengo bajo mi mando, que son el puesto principal de Boiro, los ordinarios de Noia, Porto do Son, Rianxo, Padrón, Muros, Outes, Negreira y Santa Comba y el puesto auxiliar de A Pobra do Caramiñal. Además de tener que atender a los dos grupos fiscales de Ribeira y Noia, y a los equipos de policía judicial, intervención de armas y explosivos, al del Seprona y a la plana mayor de la compañía.
-¿Qué pondría de relieve en los dos años y medio que lleva de mandato en la zona?
-Esta es una comarca relativamente tranquila, ya que se carece de problemas graves que puedan causar alarma social. A veces saltan incidentes aislados, como fue el caso de la pelea entre chiquillos de Escarabote o el de la señora que apareció flotando en muros, aunque afortunadamente son los menos.
-Aquí en Noia también está usted al mando de una dotación de policía científica. ¿Su labor es tan apasionante como se ve en la televisión o es más un trabajo del día a día?
-La labor de la policía judicial es investigar y extraer huellas en aquellos delitos que revisten cierta gravedad. Pero también investigan casos por iniciativa propia. A veces en la televisión se ven hechos basados en la realidad, pero que en cualquier caso se aderezan y se resuelven con mucha más rapidez que en la vida real. Esta es una labor que requiere mucha paciencia y sacrificio.
-¿La pasión por las series policiales aumenta el interés por dedicarse al campo de la investigación?
-Solo puedo decir que un número muy elevado de ellos vienen con la intención de ir a Tráfico, y después si tuviera que establecer una clasificación diría que el Seprona está en segundo lugar y, dada la zona en la que estamos, la Guardia Civil del mar ocuparía el tercer puesto. Estas son las tres especialidades que más atraen, aunque luego la realidad es la encargada de poner a cada uno en su lugar. Por ejemplo, una de las labores más importantes, y también menos reconocida, es la de la gente que está en el puesto de guardia, ya que sin pertenecer a ninguna especialidad tiene que saber de todo.
-Ahora que el consumo y la venta de sustancias estupefacientes está tan de moda, ¿cómo luchan ustedes en contra de ello?
-Nosotros trabajamos a nuestro nivel. Nuestra estructura no nos permite luchar contra el blanqueo de dinero o el narcotráfico, pero sí recopilar información y remitirla a la autoridad adecuada. Este año hicimos diez operaciones a pequeños distribuidores de droga y formulamos bastantes denuncias por consumir estupefacientes en la calle.
-¿Cómo valora el trabajo de sus hombres?
-Estoy muy orgulloso y muy contento. Estamos trabajando muy bien, de ahí que la tasa estrictamente policial arroje datos de efectividad muy por encima de la tasa nacional. Pero como todo es mejorable seguiremos trabajando en ello. En ese sentido hay que ser ambiciosos.
-¿Cree que el hecho de que se conozca el trabajo que desempeñan ayudaría a eliminar esa imagen «rancia» que acarrean?
-Es verdad que siempre hemos adolecido de abrirnos a la sociedad que nos rodea y que hemos vivido de espaldas a ella, pero no debemos seguir en esa línea, y más en casos como el nuestro, en el que el contacto con el pueblo es la base de nuestro trabajo diario.