Una decena de salas acercan la historia, la cultura y las costumbres de los antepasados de la comarca
18 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.La comarca dispone de varios museos y centros en los que se ofertan opciones que dan a conocer el patrimonio cultural, histórico y natural de Barbanza. Estos lugares son de paso obligado para los turistas que se acercan a conocer la zona, pero no están restringidos a ellos, puesto que muchos residentes se acercan, sobre todo durante el invierno, a descubrir un poco más sobre el lugar donde viven.
En casi todos los municipios de la zona hay al menos uno de estos edificios, que principalmente muestran la historia, el patrimonio natural, los modos de vida y la literatura. Orientados a dar a conocer el pasado, se encuentran el Centro Arqueolóxico de Barbanza, en Boiro; el Centro de Interpretación de los Castros de Baroña, en Porto do Son; y Santa María a Nova, en Noia, donde se exponen laudas gremiales. Aunque los dos primeros están centrados en los yacimientos y en mostrar cómo se vivía antaño, el segundo también relacionado don el pasado, aunque a través de lápidas con inscripciones sobre los oficios de la época.
El testigo del patrimonio natural lo toma el Centro de Interpretación do Ecosistema Litoral Galego (Cielga) de Corrubedo, que es el que registra mayor cantidad de visitantes, llegando a alcanzar una cifra de hasta 300.000 al año.
La forma de vida de Barbanza se exhibe en Muros, en el Pozo do Cachón; y en Rianxo, en el Museo do Mar. Ambas entidades permiten conocer, por un lado, el antiguo oficio de molinero, y por otro, uno de los medios que más ocupación genera en la comarca: el mar.
Otro local que cobija vestigios del patrimonio profesional e industrial es el Museo Etnográfico de Artes, situado en Ribeira, donde comparten vitrinas herramientas, monedas, sellos... un sinfín de objetos.
Valle-Inclán
Por último, y como único representante del gran patrimonio literario del que dispone Barbanza, se encuentra en A Pobra el Museo Valle Inclán, en el que, a través de múltiples documentos, se ilustra la vida del famoso escritor.
Aunque la mayor parte de estos centros reciben visitantes todo el año, lo cierto es que el perfil de los usuarios varía en función de la época. Los gerentes coinciden en que el público estival suele ser foráneo y tiene menos conocimientos de la zona. Además, predominan las visitas individuales. En invierno, por su parte, la mayoría de la gente tiene una idea muy concreta de lo que quiere ver, que deja a veces perplejos a los encargados de las salas.
La cercanía no es sinónimo de conocimiento del lugar, y en los museos lo saben. De hecho, fuentes del Valle-Inclán comentaron: «Hace unas semanas se acercó un alemán, que me preguntaba donde teníamos el primer libro del escritor, ya que estaba muy interesado en verlo. Y esto lo busca alguien que vive a miles de kilómetros de aquí; desde luego Internet provoca estas cosas».