Somos un prodigio alumbrando grandes proyectos que asombran al mundo. Lástima que acostumbremos a dejar sueltos pequeños flecos que empañan ligeramente la brillantez de las ideas.
Los ferrolanos pueden sentirse orgullosos de su puerto exterior, casi una realidad a la que solo falta saber qué hacer con las mercancías que allí lleguen. Estrenaron ayer cinco de los quince kilómetros del enlace por carretera. Falta el resto. El tren llegará algún día.
Tampoco llega el ferrocarril y apenas el autobús a ninguno de los tres aeropuertos de que disfrutamos los gallegos. Ni se ha previsto enlace del impresionante tren de alta velocidad que algún día cruzará el Padornelo. Y la pista de Alvedro sigue esperando un acceso suficiente, aunque la AP-9 pase a un tiro de piedra. Algún día solucionará ese problema la tercera ronda. Precisamente su primer tramo se termina estos días a toda velocidad, pero no conducirá a ninguna parte hasta que se acabe el siguiente, apenas empezado.
Somos capaces de proyectar y construir grandes autovías libres de peaje, como la que une el sur de Galicia con la meseta, aunque su principal enlace con Ourense aterrice sobre la ciudad con una pendiente de vértigo tras sobrevolar todo un barrio y la entrada en Vigo se produzca tras serpentear durante una decena larga de kilómetros por una zona densamente poblada. La A-6, oficialmente de Madrid a A Coruña, termina también a una decena de kilómetros de esta ciudad. En ambos casos hay alternativa, pero de peaje.
Alumbramos grandes y modernas barriadas a las que llevamos a vivir a miles de vecinos (Mesoiro, en A Coruña; A Valenzá, en Ourense...), pero?-no se puede estar en todo- su única vía de comunicación sigue siendo una vieja y estrecha carretera local.
Somos capaces de poner en marcha grandes ideas. Si, además, cuidásemos los pequeños flecos , seríamos el no va más.