La planta de revalorización y tratamiento de la concha de mejillón existente en Boiro nació como la solución a uno de los grandes problemas de las empresas transformadoras: el qué hacer con las ingentes cantidades de este residuo que se generan en grandes factorías, como es el caso de las instaladas en O Grove.
Después de largos años de negociaciones, las instalaciones de la entonces Aleco, en el polígono de Espiñeira, fueron inauguradas en febrero del 2004. Al acto acudieron varios estudiantes del instituto próximo: no habían sido invitados a la cita, pero se hicieron un hueco para dejar constancia de su malestar por los malos olores que desprendía la factoría.
Las quejas por el hedor desprendido por una empresa dimensionada para tratar hasta 80.000 toneladas de mejillón al año se repitieron a lo largo de los siguientes ejercicios. Arreciaron especialmente en el 2005, obligando al Concello de Boiro a paralizar de forma cautelar la actividad que se desarrollaba en la planta.
Maquinaria
Solo unos días después de esa paralización, la firma anunció la compra de máquinas de última tecnología que permitirán eliminar los malos olores. Pero esos mecanismos no funcionaron, y en el 2006 los vecinos de la zona en la que está instalada la planta amenazaron con recurrir a los tribunales. Además, el Concello de Boiro detectó en aquellas fechas que la factoría vertía de más en la red de saneamiento.
Con dos millones de euros intentó la firma arreglar esos problemas. Con ese dinero amplió su depuradora y logró, de esa forma, un permiso de actividad en pruebas. Hace también dos años, la Consellería de Medio Ambiente decidió realizar una auditoría a la empresa. Y se constituyó un comité de seguimiento de la factoría integrada por la propia firma, el Concello y la Xunta.
Condena
Después de varios meses funcionando sin quejas vecinales, Calizamar ha vuelto a la palestra informativa hace unas semanas a consecuencia de una sentencia de la Audiencia de A Coruña. A raíz de un depósito de concha que la compañía realizó en Lousame en 2005, coincidiendo con el período de paralización de la actividad de la planta, el gerente de esta firma ha sido condenado a un año de prisión por un delito contra el medio ambiente.
En cualquier caso, la factoría sigue sin disponer de licencia definitiva. En Boiro esperan ver si, en plena campaña del mejillón, no desprende más malos olores.