«O meu tío morreunos na auga cando o tiñamos collido entre o meu compañeiro e máis eu»

J. M. J.

BARBANZA

Son de otra estirpe. Lo llevan en la sangre. O eso al menos intentan aparentar. La profesión de marinero es quizás de las más arriesgadas y peligrosas que hay en la actualidad. Sin embargo, a pesar de los golpes que asesta, la gente que sale todos los días a faenar parece que no se da por enterada. Miles de profesionales se ven envueltos en sucesos que ponen los pelos de punta a cualquiera. Pero después de los sustos, casi todos vuelven a subir a bordo. La mayoría insiste en que es lo único que saben hacer. El aguiñense Jorge Sampedro es de esos jóvenes que no se detiene a pensar en el riesgo. Con tan solo 19 años tuvo una de las experiencias más amargas de su vida. Su lancha, en la que se dedicaba a recoger percebe con dos compañeros más, uno de ellos su tío, zozobró en las proximidades de Sálvora. Su pariente murió en sus brazos, quizás de frío. Jorge Sampedro explica cómo ocurrió el accidente en noviembre del 2000. «Había moito mar ese día. Estabamos mirando as rochas para traballar. De súpeto, unha onda botounos ao fondo. A lancha dou volta. Tanto eu coma o outro compañeiro subimos ao barco e buscamos ao meu tío. Vímolo e tirámonos a por el. O meu tío morreunos na auga cando o tiñamos collido entre o meu compañeiro e máis eu». El percebeiro solo contaba 19 años. Asegura que durante los cuarenta minutos que pasó en el agua estuvo muy mal. «Pensei que era a fin». La vida es una auténtica caja de sorpresas. Los primeros en llegar fueron dos marineros que estaban faenando al lado. Su padre es vigilante de la cofradía, llegó también de los primeros. Reconoce que no tiene miedo, pero sí «moito respecto ao mar. Estiven a punto de deixalo. Os compañeiros animáronme e despois de moito tempo volvín». Ayer, Jorge escogía percebes en el puerto aguiñense como uno más. El suceso lo hizo más fuerte. El niño que llevaba dentro se convirtió rápidamente en un hombre.