Suma y sigue a un culebrón que empezó en 1998

La Voz

BARBANZA

Aunque los venezolanos se llevan la palma en culebrones televisivos, si se habla en términos urbanísticos, Boiro tendría bien merecido un puesto como protagonista de largas historias dignas de ser contadas. La de Goiáns, por supuesto, es una de las principales. Todo empezó en 1998, cuando los propietarios de la finca, la familia del marqués de Revilla, decidieron ponerla a la venta.

Gestiones iniciales

Desde el primer momento, tanto BNG como PSOE, aún en la oposición, apostaron por que fuese comprado por el Concello. De hecho, incluso se formó una comisión para sacar adelante la operación. Pero nada cuajó.

Compra

En el 2001, tras varios años de negociaciones, el pazo cambia de dueños. La firma Eroski y los boirenses que ahora son propietarios del edificio entran en juego.

Recalificación

Empiezan entonces las negociaciones de la firma vasca con el gobierno local, entonces con Jesús Alonso como alcalde. La intención de Eroski es lograr una recalificación y montar un centro comercial en la zona más próxima a la carretera comarcal, la AC-305.

Primer acuerdo

En abril del 2002 se firma un convenio con el Concello y, como contrapartida por cambiarle la calificación a 56.000 metros cuadrados para construir un centro comercial y dos zonas residenciales, el Ayuntamiento tendría 50.000 metros cuadrados para ejecutar el paseo marítimo del río Coroño.

Vuelta atrás y rúbrica

Alonso se marcha de la alcaldía sin que Eroski se haya instalado en Boiro y, en cuanto llega el tripartito -BNG, PSOE y Velo-, se echa abajo el convenio urbanístico y empiezan las negociaciones para que el pazo sea de titularidad pública. En mayo del 2007, al fin, se firma un convenio mediante el que el edificio quedaría para el Concello siempre y cuando se cediesen terrenos urbanizables en A Pedreira a Eroski.

Incógnita

Hace meses, la firma vasca se deshizo de su parte en Goiáns y, por otra parte, es difícil saber si el controvertido convenio saldrá o no adelante.