Un foro de debate organizado por el Ayuntamiento de Noia, en colaboración con el plan comarcal de prevención de drogodependencias y con el Sergas, puso de manifiesto el martes que el botellón encierra más un problema para la salud de los jóvenes que un conflicto de convivencia social. Los ponentes aportaron su visión sobre el tema central del coloquio y propusieron medidas y consejos para atajar las consecuencias negativas de esa práctica tan de moda desde hace unos años.
Entre las recomendaciones, no faltaron referencias a la necesidad de mejorar la comunicación entre padres e hijos, e incidir más en la educación de los adolescentes para que sean conscientes de los peligros a los que se exponen cuando consumen sustancias tóxicas en cantidades abusivas.
La actividad estuvo organizada por la concejala de Sanidade de Noia, Rosana Mariño, que fue la encargada de presentar el acto y a cada uno de los conferenciantes invitados.
Entre quienes expusieron su punto de vista como profesionales se encontraban el pediatra del Hospital Clínico de Santiago José Luis Iglesias Diz; la directora de enfermería del complejo sanitario de Barbanza y presidenta de Amas de Casa de Noia, María Elena López Vieites; la educadora de la asociación Alborada de Vigo, Ángeles Montero; y el psicólogo de la unidad de atención al drogodependiente de Santiago, Jorge Carballido Salgado.
Otras voces
En nombre del colectivo de padres del Instituto Virxe do Mar acudió a dar su opinión en el coloquio Mari Domínguez; y por la agrupación de hosteleros Noia en Marcha ofreció su parecer el vicepresidente, Bernabé Piñeiro.
El facultativo Luis Iglesias puso la voz de alarma sobre el hecho de que se están dando casos de ingresos hospitalarios de jóvenes con una dosis casi letal de alcohol en sangre. Al mismo tiempo, aludió a un estudio que hizo entre chicos de entre 13 y 15 años del medio rural gallego que le permitió arrojar conclusiones como que el 27% de los chavales regresaban de la movida a casa después de las cinco de la madrugada.
Mari Domínguez sostuvo la teoría de que la juventud sí es consciente de los riesgos que corre cuando hace botellón, y mantuvo que muchos lo practican como una forma de relacionarse socialmente.
María Elena López también constató la existencia de casos en los ambulatorios de la zona de chicos de 15 años ingresados en estado de coma etílico y apeló a fomentar un diálogo más fluido entre padres e hijos.
Bernabé Piñeiro defendió que la carestía de la vida en los últimos años no repercutió tanto en los precios de las copas como en los de otros artículos. En respuesta a quienes acusan a los establecimientos hosteleros de vender licores de baja calidad, esgrimió que no existen estudios que demuestren que eso es cierto, y dijo que estaban sometidos a controles sanitarios.