Análisis | Estocada a un sector vital
21 jul 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Los profesionales del sector se muestran sumamente preocupados y con razón. Cada vez que sucede algo en los mercados financieros -por ejemplo, las sucesivas alzas en el precio del petróleo-, o que el presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, decide elevar el precio del dinero, el propietario de un establecimiento se echa las manos a la cabeza, ya que sabe que eso significa la merma potencial de clientes. Si a este cóctel explosivo, que se traduce en pérdidas de poder adquisitivo, se le suman las adversas condiciones climatológicas, la mezcla resultante puede ser mortal de necesidad para el ámbito hostelero barbanzano, que genera siete de cada diez empleos directos. Pero hasta aquí no hay ninguna novedad con respecto a lo que está sucediendo en otras partes de España. El hecho diferencial que puede perjudicar los intereses de la comarca, es la amplia oferta turística que se ofrece desde las agencias de viajes, a precios cada vez más ajustados a las necesidades de un cliente que se encuentra más endeudado y que va a lo bueno, bonito y barato. Relativamente caro Porque, ¿cuánto se deja una familia de cuatro miembros, por término medio, en una semana de estancia en Ribeira, O Son o Boiro, por citar algunos ejemplos? Entre 900 y 1.000 euros. Una cifra similar a la que se pueden gastar los veraneantes en Costa Dourada o Costa Blanca. Pero con dos diferencias básicas. Por un lado, el tiempo suele ser más benévolo con los que hasta allí acuden; y en segundo lugar, los accesos a las localidades y sus arenales son infinitamente mejores a los que se ofrecen aquí, donde sólo hay un vial que se encuentra en plena fase de desdoblamiento, y en el que tiempo que se tarda en realizar los 42 kilómetros que unen Ribeira y Padrón es similar al empleado en la vieja carretera. Si el problema de las infraestructuras es alarmante, ¿qué decir de la oferta de actividades y hoteles de calidad? En este sentido la zona se encuentra a años luz de municipios costeros del Mediterráneo. ¿Qué es lo que hacían atractivas a las localidades de Ribeira y Boiro hace cinco años para el turista castellano? El bajo precio de la vivienda, lo que convertía a los municipios en los centros de inversión de los euros ociosos de madrileños, vallisoletanos y palentinos. Un lustro después, el precio de un apartamento de dos habitaciones en Boiro es similar al de uno construido en la Manga del Mar Menor, pero con peores accesos y condiciones climatológicas, lo que supone la fuga de unos veraneantes que ya no ven en la comarca el aliciente que sí tenían en el 2002, lo que les invita a cambiar su lugar de vacaciones.