LA SEMANA DE... ...Alicia Fernández | O |
03 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.LA CANTINELA de los crupieres es acertada para invitar a los ciudadanos de Boiro a realizar apuestas sobre lo que ocurrirá en el pleno del jueves que, entre otros asuntos, abordará la aprobación definitiva de los planes parciales de Cabo de Cruz y Barraña. Aunque las posiciones parecen definidas, hay muchas conjeturas sobre el resultado final. Sobre todo teniendo en cuenta que por estos pagos la actividad política (conjugada con intereses económicos) se juega a muchas bandas, en el nivel más bajo y sus actores pueden convertir los asuntos más trascendentes en bolsas de basura que tirarse a la cara. A veces la realidad nos reconcilia con las virtudes y valores humanos, en otras nos invita a renegar; en la política en general, a desconfiar, y en ciertos lugares nos hace vomitar hasta la primera papilla. Es difícil opinar en este pueblo tan rápido para crecer como para insultar, donde la crítica es un ataque personal y se intenta sepultar en la mediocridad a personas válidas. Por eso, viendo la ligereza de algunas posturas ante tan importante asunto (unas políticas y otras folclóricas) suscribo los versos de Miguel Hernández en su Elegía a Ramón Sijé : «Tanto dolor se agrupa en mi costado / que por doler me duele hasta el aliento». Incluso el espectáculo cómico electoralista de Velo es pasable ante la desidia y falta de madurez de BNG, PSOE y PP, que deben algo más que una sarta de torpezas a los boirenses. Es obvia la necesidad de seguir adelante con los planes, elementos indispensables y vertebradores del futuro de Boiro, con los matices que sean necesarios siempre y cuando respeten la ley y sean objetivamente asumibles. El de Barraña es básico y elemental: hay que dejar de tirarse los trastos y apostar por el interés general olvidándose de si se pudo hacer antes o no. Criticando lo que se considere oportuno, pero apoyando la mejor posibilidad, que es mantener un coeficiente del 1, y que sean otros los que lo rechacen, nunca boirenses, por intereses políticos espurios. En cuanto al de Cabo, si existe una mayoría de propietarios en contra, que lo dejen como está y que sea la minoría afectada la que en un futuro sonroje a los cabecillas por su ramplonería y necedad. Es posible que en poco tiempo se desarrolle el plan en peores condiciones y por imperativo empresarial. Espero que el sentido común permita asegurar el desarrollo de Boiro antes de que la Xunta diga: ¡no va más!.