Entrevista | Manuel Romero Nació en 1943 en Noia, una tierra que abandonó cuando aún era un crío, pero llevaba en la sangre una vena creativa que no le dejó desde entonces, y que evolucionó de forma magistral
20 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Manuel Romero inaugurará, a las nueve de esta noche en la galería ribeirense Bomarzo, la exposición retrospectiva Onte e hoxe, con la que hace una parada para mirar con nostalgia su producción artística de los últimos cuarenta años. -¿Cómo recuerda la salida de su tierra natal? -Tenía 4 años cuando falleció mi padre y desapareció mi madre. Entonces inicié una nueva vida en A Coruña, pasando del hospicio a la casa cuna. Años más tarde tuve la ocurrencia de pegarle a un cura salesiano y me echaron del colegio. Al ver que tenía muchas puertas cerradas, me fui a Londres. Allí di rienda suelta a mi creatividad. -¿Cómo fue su estancia en la capital londinense? -Cuando llegué allí empecé clases nocturnas de pintura. Un día me robaron una treintena de mis cuadros que tenía en casa. Yo creí que los ladrones se llevaban otros objetos de valor, pero se decantaron por mis trabajos. Fue como mi primera exposición con venta total, sin recibir un duro. Al principio me dolió, pero luego lo vi con otra perspectiva, pues era otra forma de divulgar mi obra. -¿Qué formación artística recibió en esa ciudad? -Un año después del robo me presenté en la Facultad de Bellas Artes con mis cuadros enmarcados y pedí hablar con el director para que los viera y entrar a estudiar. Me dijeron que no quedaban plazas, pero al regreso de mis vacaciones recibí una carta en la que me admitía para un curso preuniversitario. Planté todo lo que estaba haciendo, incluido mi restaurante, para estudiar. Luego vinieron la licenciatura, el máster y el doctorado en el Royal College of Art. -¿Cómo definiría sus primeras etapas pictóricas? -La primera fue figurativa. Eran años de aprendizaje, siguiendo las instrucciones de Peter Lawson, mi mejor profesor. En todo este tiempo me di cuenta de que lo que me atrae de pintar no es vender, sino indagar. Luego tuve un bajón. Regresé a Galicia y estuve cinco años analizando las técnicas de otros artistas, como Rembrandt, para descubrir una técnica al óleo para pintar unas rocas. Luego vendría mi etapa más musical. -¿Cuál es el elemento que más le atrae como pintor? -La luz es lo más impresionante que se puede pintar. Sin ella no hay figuración, ni colores, no existe nada. Llevo tiempo intentado plasmarla, pero aún no lo he logrado. -¿El color negro del mar que pintó tiene algo que ver con el «Prestige»? -Tuve un derrame cerebral y al despertar, tras un mes en coma, me surgió la idea de pintar una crítica sobre A Coruña. Empecé a colorear los mares negros, pese a que no lo había hecho antes. A los tres meses se hundió el Prestige. Los críticos lo vieron como algo premonitorio. -¿Cómo pintó el Cristo? -Es un desdibujado, hecho con la goma de borrar. Después de los tres años que estuvo expuesto en la catedral de Lugo es la primera vez que lo exhibo en una galería.